Dilema ètic en l’atenció social

Entre respecte per la llibertat personal i salvaguardar la salut

Un dels dilemes ètics que ens aborda als professionals i voluntaris que ens relacionem amb les persones que viuen al carrer és el del dubte entre el valor primordial de la salut i la vida de la persona i la seva llibertat personal de no voler canviar la seva situació.

Algunes persones ja han fet del carrer la seva llar i porten masses anys al carrer com per que un canvi en la manera com viuen sigui viscut per a ells com una millora de llur situació. Els pesen massa les mancances presents i les frustracions del passat com per a aventurar-se a qualsevol canvi que pogués suposar una redefinició del seu estatus i rol en la societat. Estan fets al carrer i per al carrer.

Per part nostra, l’actitud d’acompanyament té en compte, precisament, la comprensió del seu present a causa del seu passat. Podem comprendre la desídia, la desmotivació, la manca d’esperança,… Ho podem comprendre i ho respectem.

El dubte apareix quan ens adonem de símptomes en el comportament de la persona que ens fan sospitar que no està decidint lliurement, sinó que la seva decisió és fruit d’alguna possible demència o malaltia mental que l’impedeix actuar amb sentit

comú. El dilema se’ns planteja entre les opcions de respectar la seva situació i la seva lliure decisió, o bé forçar alguna intervenció, normalment amb un ingrés hospitalari per a valorar diagnòstic. L’experiència ens demostra que, en alguns casos en què s’ha actuat en contra de la voluntat de la persona (o afavorint el seu estat de salut), aquesta ha aconseguit una millora de la situació i un replantejament en les seves intencions de canvi.

El dilema és més complicat quan la persona corre un risc vital a causa de l’empitjorament progressiu de la seva salut. És en aquests moments quan ens debatem entre continuar respectant la lliure decisió de la persona de no voler canviar llur situació o la necessitat urgent d’apartar la persona del medi que li és hostil sense que ella hi pugui posar remei.

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La atención social para los animales

Hace unos días Isabel me hablaba de un artículo aparecido en un periódico barcelonés cuyo texto especifica las malas condiciones y el bajo presupuesto con el que se encuentra la perrera de Barcelona. En el artículo se habla de la atención que se presta a los animales, de sus necesidades insuficientemente atendidas, de la compañía mediante voluntarios… del agravio comparativo respecto a la perrera de Madrid, puesto que en ella los animales disfrutan de calefacción y aire condicionado.
En Barcelona, en cambio, solo se destinan 14€ al día de media para los cuidados y manutención de cada animal atendido…
Todo ello con cierto aire de crítica por la falta de inversiones y por la necesidad de mejorar este servicio.

El País. 30/3/2009. Edición Catalunya

No se… Moralmente creo que no hay lugar a dudas de que los animales merecen el respeto, las atenciones y los cuidados que por derecho tienen, como seres vivos que son.
Ahora bien, quizás no habría que mezclar unas cosas con otras o quizás una cosa no quita la otra…
El caso es que en el ejercicio inmoral de comparar estos cuidados hacia los animales con la situación por la cual han de pasar muchas personas que viven en las calle, hay algo que nos sorprende, que no nos cuadra, cuanto menos que nos indigna y nos enfurece por la tremenda injusticia en la que vivimos y en la que todos estamos implicados.
no os parece?

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A veces la calle da respeto

En algunos escritos de este Blog he explicado e intentado transmitir que hacer calle no és complicado, que no deja de ser el estar pendiente y relacionarse con las personas que estan en esta situación.
Es cierto que hay que estar, que la primera finalidad es la de acompañar y hacer posible que la persona sienta que está acompañada.
Todo y con eso, hay determinados días o momentos en que vives situaciones rocambolescas. Momentos de angustia, de impotencia, de querer desaparecer…

El siguiente relato ocurrió una tarde de octubre de hace dos años.
Os lo cuento a continuación:

Hace ya días que Ana María, Marisol y yo vamos hablando de la existencia de este grupo de personas en la Plaça del Museu. Los tres hemos ido alguna vez, de forma que ya hemos iniciado la relación, aunque ésta aún se encuentra en una fase inicial.
La verdad es que ir hace un poco de cosa… Mientras te acercas, sientes que ya te han visto y que se ponen a hablar entre ellos, sin perdernos de vista.
Si. Hace un poco de respeto…

Ese lunes íbamos Marisol y yo. En esa ocasión decidimos entrar por detrás, con el fin de que no nos vieran llegar y así no dar pie, antes de hora, a pensamientos “malintencionados” sobre nuestra visita.
Al llegar vemos a varias personas conocidas, sentadas en el suelo, en dos grupos separados. No sabriamos distinguir, a simple vista, cual de ellas está más bebida y colocada que las otras.
Por una parte, Luis se apodera de Marisol y de su presencia y, separándose un poco del resto del grupo, inician una conversación.
A mi me asalta Omar: Lo conocemos desde que estaba en la Plaça Groga. No sabiamos si vivia en la calle o no. Lo que si que suponiamos es que se ganaba la vida haciendo vés a saber qué “trapicheos”. Solo con verme me salta con la pretensión que le paguemos un viaje de vuelta a Marruecos. Cuando le digo, casi en tono de broma, que este tipo de ayudas nosotros no lo dispensamos, se saca del bolsillo un papel arrugado que resulta ser una citación judicial en la que figura como acusado por un delito contra la salud pública. Me suena a tráfico de drogas, pero me remito a decirle que los miercoles por la tarde acude a nuestro centro una abogada, con la cual és se puede poner en contacto para recibir orientación y resolver su situación. Un asunto complicado, por lo que supongo.

Comentado esto con Omar, empiezo a hablar con Elviro. Hacía tiempo que lo buscábamos. Había estado en una pensión i abandonó el recurso para retornar a la vida de calle… Me presento y le recuerdo el tiempo que estuvo con nosotros, en Arrels.

De pronto, Omar se levanta del suelo y le planta un puñetazo a un tio que se estaba acercando, de forma que éste cae al suelo, haciendo un ruido fuerte y seco cuando la cabeza pica contra el pavimento. Lo único que Omar dice como excusa es que esto le pasa por meterse demasiado con las mujeres.
Miguel y Paqui, que están ahí y lo ven todo, hacen cara de consentir con Omar y acusar el que ahora está tumbado en el suelo, sin moverse. No sé si por consentimiento con lo que ha explicado Omar sobre este hombre o quizás por miedo a la violencia a la cual Omar acaba de demostrar que es capaz de llegar.
De lo que si que me doy cuenta es de que Miguel no sabe hacia donde mirar y, mucho menos, al hombre tumbado en el suelo delante de él y que no se mueve.
Y yo, que tengo delante a Elviro, borracho, llorando i con la cara llena de mocos…
Desde la terraza de la plaza, unas cuantas parejas que hacen el vermut miran fijamente la escena: El hombre aun tirado en el suelo, inmóvil. Están solo a quinze metros de los hechos, pero eso supone ya una distancia insalvable como para acercarse…
He de hacer algo!…

Me acerco y veo el rostro del hombre. Balbuceando, pero inmóvil e inconsciente. Marisol continua ahí, escuchando a Luis. Ella no se ha dado del todo cuenta de lo que ha pasado. Elviro aun está ahí, esperándome. Los de la terraza del bar mirando. Algunos miembros del grupo diciéndome que llame a una ambulancia, si quiero, pero que ellos no piensan hacer nada.
Llamo a una ambulancia. Elviro aun lo tengo al lado, mirándome. Con el móbil en la mano veo que llega un policia municipal, avisado por uno de los mmiembros del grupo. Él se encargará de volver a llamar para pedir la ambulancia con más urgencia. La aparición del Guardia Urbano ha provocado, como por arte de magia, que todo el grupo de personas, antes sentadas en el suelo, se dispersen. Imagino que debe ser para no tener que dar explicaciones de nada.
Siento que, detrás mio, algun mienbro del grupo, al que yo desconozco, me mira inquisitivamente como preguntando por el que hago yo ahí y a quien estoy llamando. Creo que incluso ha hecho algun comentario… A muchos no los conozco de nada, pero aun así he sido yo quien ha llamado a la ambulancia para aquel hombre al que nadie ayuda. Yo tampoco lo conozco…
Ahí quedamos Marisol y Luis, con el cual aun habla; el urbano y el hombre inconsciente, tirado en el suelo y sacudido de tanto en cuando por el urbano; y Elviro y yo.
El hombre que está tirado en el suelo no se mueve… Allá no se mueve nadie!
… Sin saber que hacer en esa situación kafkiana, absurda,… idiota…

Miro a Elviro y decido huir yo también. Elviro tiene los ojos tristes, llorosos. Llamo a Arrels con la intención que él mismo hable con alguien y se sienta invitado a volver… Como menoscabando la situación in situ i yendo de cara a otra cosa.
El hombre inconsciente resulta que se rehace, se medio incorpora y ahora si que se ve perfectamente que solo era que iba muy, pero que muy bebido. El Guardia Urbano le hace preguntas, mientras que él parece que solo desea recuperar el cartón de vino que tiene al lado, pero que su mano no acierta a coger.
Con esto que un del grupo, Alfonso, también bastante bebido, se acerca hacia el urbano y el hombre, ahora de rodillas, y le escupe encima. Me doy cuenta que el hombre, antes inconsciente y ahora de rodillas, no se ha enterado, ni del salivazo ni de los gritos e insultos que Alfonso le espeta, con el guardia urbano por el medio. El urbano intenta como para poner un poco de paz entre el hombre de rodillas y Alfonso.

De repente se me cruza por la cabeza que ese hombre podía haber muerto, pero que está vivo y en esos momentos soportando los sipiajos de otro que va casi peor que él. No puedo pensar demasiado, Elviro aun me mira…
El guardia urbano se va. El hombre de rodillas que se arrastra hacia la pared, tintineando.
Elviro tambien se va.
Marisol y Luis me incorporan a su conversación… Nos despedimos también de Luis.
Marisol me dice de ir a saludar a otra gente del grupo, reunido de nuevo, a la que no habiamos saludado.
No sé por qué, pero no puedo. O quizás no tengo ganas…
No lo sé…

Marisol, marchémonos de aquí!!

Miquel Julià
Octubre ’06

P.D: Actualmente, la mayoría de las personas que en esos momentos formaban parte del grupo al cual alude el escrito estan vinculadas a nuestro centro y siguiendo un proceso de mejora de su situación.

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Sento haver-te mirat així

Estimats lectors i lectores,
Avui utilitzaré el blog com una eina personal, no allunyant-me, per a això, dels objectius i la missió d’aquest blog.

Necessito demanar perdó.

Tornant a casa, en bus, aquest migdia, m’he fixat en una persona que ja havia vist anteriorment pel meu barri. No és el senyor pobre del que ja us he parlat, sinó un altre. Estava assegut a terra, repenjant-se en el vidre d’un establiment. Tenia moltes bosses de plàstic al seu voltant.

Com que ja l’havia vist en altres ocasions, i aprofitant la parada del bus en el semàfor,m’he volgut fixat bé en aquest senyor. Per a una bona causa, per poder descriure’l bé a l’equip de carrer que podria iniciar un acostament, per a res més. No anava més lluny la meva intenció. Però m’he sentit malament.

La meva mirada no ha estat la mirada dolça, plena de tristesa, no obstant, d’altres vegades. Ha estat una mirada d’escrutini. Una mirada,
podria fins i tot dir, descarada, buscant i memoritzant dades a partir del seu rostre.

Se n’ha adonat. S’ha sentit observat. I és això el que sento. I des d’aquí li demano les meves sinceres disculpes. No pretenia que la meva mirada es convertís en la mirada que he criticat des d’aquest blog tantes vegades. Una mirada… no de menyspreu, en aquest cas, però sí d’anàlisi, sense transmetre aquella mirada de persona a persona que sempre defenso que hem d’aconseguir.

Anna Skoumal

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El senyor pobre del meu barri. Primera part

Encara que se suposa que hauria d’estar avesada en aquest aspecte, reconec que sento angoixa per a un senyor pobre del meu barri.

Ja fa un cert temps que el tinc vist. I cada vegada em sento més aclaparada pels sentiments que se’m desperten quan me’l trobo. El veig tan vulnerable i desvalgut! Indefens, fràgil.  I és aquesta fragilitat el que m’inquieta.

No el conec, però em sembla una bona persona. Se’l veu tranquil. Té una expressió apagada i trista i no suporto veure la buidor que reflecteix el seu rostre. Buidor de felicitat. Buidor plena de solitud.

Sento tendresa per a aquest senyor. I tristesa. Una tristesa molt sincera carregada d’afecte. Necessito fer alguna cosa per a ell i em pregunto si en realitat necessito fer-ho per a ell o en el fons necessito fer-ho per a mi. Per apaivagar d’alguna manera l’ànsia i l’angoixa que sento cada vegada que el veig. Suposo que necessito fer-ho per  a tots dos. Sincerament, no ho sé. No sé en el fons del meu cor què m’empeny a acostar-m’hi de totes totes.

Ja fa un temps vaig intercanviar unes paraules amb ell. Va ser en un caixer on vaig entrar per treure diners. Ell estava estirat a terra.  Directament a sobre del terra, sense ni tan sols un cartró a sota del cos per alleugerir la fredor del trespol. Semblava adormit, però en sentir-me entrar es va incorporar de sobte i se’m va dirigir:

– ¿ tienes un cigarro?

– No, es que no fumo. Lo siento.

– Pues mal hecho.

– Claro, si fumara le podría ofrecer un cigarro.

Li vaig somriure i es va tornar a estirar a terra. Em va saber greu no haver-li pogut oferir la cigarreta d’abans d’anar a dormir.

Vaig estar un temps sense veure’l i fa molt pocs dies me l’he tornat a trobar algunes vegades. He observat des de l’última trobada que s’ha deteriorat més. Almenys aquesta ha estat la meva impressió i m’ha envaït la tristesa. I la meva veu interior cridant amb força em deia ‘has de fer alguna cosa’.

Avui, per fi, sento que he fet alguna cosa per a ell.  I m’han acompanyat moltes emocions en fer-ho.

Havia intentat tornar a buscar el contacte abans del moment que hem compartit avui, i no trobava la manera. No és tan fàcil. I en aquest punt vull fer un gran reconeixement per tot l’equip de carrer que es dedica precisament a això, a atansar-se a les persones que viuen al carrer. Feu una gran feina i us agrairé que un dia d’aquests em doneu algunes lliçons elementals perquè estic una mica peix en el tema.

L’excusa per tornar a apropar-m’hi ha estat una manta. Sí, una senzilla manta. Perquè fa molt fred i ell no té ni tan sols això per abrigar-se en aquestes nits tan fredes.

He entrat al seu caixer. Al seu espai, al seu dormitori, a casa seva. Jo era la forastera. La forastera que se sentia invasora.

Ell estava estirat a terra i en entrar jo ha obert els ulls i ha posat expressió d’estar alerta. Jo estava molt tranquil·la però no sabia ben bé com actuar.

Perdone…… – en sentir-me, s’ha mogut, iniciant el gest d’incorporar-se.

No, no… no se levante por favor. Sólo he venido a traerle una manta – ell ja estava dempeus mirant-me i escoltant-me. D’alguna manera s’ha aixecat per rebre’m, per acollir-me. Ha fet un lleu gest de sorpresa, acceptant de seguida la manta.

Gracias, muchísimas gracias – em deia mentre se la posava a sobre les espatlles.

De nada, es que hace mucho frío. – i m’he anat retirant- . Hasta luego.

En sento feliç.

Dedico aquest escrit als meus dos àngels de la guarda (ES i MO).

Anna Skoumal

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Que nunca se acabe el Adviento

“Daremos la lata”.

Es el lema de una campaña que se promueve estos días en un barrio de Barcelona con el fin de recoger alimentos en beneficio de aquellas personas que por poseer unos recursos más escasos se encuentran más necesitadas. La campaña está llevada a término por un grupo de jóvenes del barrio.

 

“Nadalot”.

Es otra iniciativa, en este caso, de un grupo de jóvenes de un centro de esplai parroquial, al cual me siento muy vinculado. También se trata de una recogida de alimentos. Se hace a lo largo de dos sábados en la puerta de un supermercado cercano a los locales del esplai. Los alimentos recogidos son distribuidos a las familias más necesitadas del barrio mediante Caritas Parroquial.

 

Hace una semana llamaba a nuestra entidad, Arrels Fundació, un matrimonio de las afueras de Barcelona informando que estaban pensando llevar a cabo una acción de distribución de alimentos y ropa para aquellas personas que se encuentran en una situación muy avanzada de exclusión, las personas que viven en la calle.

 

Son todas ellas muy buenas iniciativas, encomiables, que dan ejemplo.

Ojalá siempre fuera así… Que dure a lo largo de todo el año,…

 

Con ello, me da que lo más importante no está tanto en la acción en si como en lo que puede llegar a significar para nosotros y para las personas que nos rodean. Para la comunidad. Para el barrio…

 

Adrià, uno de los monitores que este año coordinaba el grupo de jóvenes que recogían alimentos en la puerta del supermercado, felicitaba a los chavales del grupo por su labor.

Si!

Cabe felicitarles por haber alcanzado ese espíritu de la solidaridad y del compartir con aquellos a los que quizás la vida no se les presenta con tan buena cara.

Adriá animaba a los jóvenes de su grupo a que no se desmotivaran ante la falta de comprensión y amabilidad de algunas de las personas que, saliendo del supermercado, no solo no se mostraban solidarias sino que aun tenían alguna frase de descaro o de simple desprecio por la acción que se estaba haciendo.

Y es que es cierto que hay personas que se muestran desagradables, que no comprenden, que les importa un rábano si hay otras personas en dificultades porque piensan que nada puede superar las propias penurias y malestar vivido…

 

Bueno…

Eso es así. Es real!!.

Pero también puede convertirse en semilla de esperanza, no?

Eso también es momento de adviento.

Claro que si. Porque lo importante de la acción es la actitud con la que se hace.

Mucho más importante que los resultados conseguidos.

No sé…

Lo bueno de la recogida de alimentos,… si,… es la obtención de contra más alimentos mejor… Pero lo mágico está en ese contagiar y contagiarse de esperanza. Lo mágico es estar ahí, en la puerta del supermercado y poder explicar, poder comprender, poder solidarizar y solidarizarse…

 

Para mi ese es el significado de “dar la lata”. No pararemos! No cejaremos en nuestro empeño!!…Todo el tiempo que sea necesario…

Para mi eso es el Espíritu Navideño. Ese es el mensaje… Si! Un mensaje de paz, como decía la canción…

Si yo te comprendo, tu podrás comprender… y comprender es ya transformar. 

Y mi propuesta es que vayamos a trabajar para que este espíritu y esta actitud sean motor de cambio que perdure en el tiempo, más allá de la Navidad.

Que esa pequeña acción que nos engrandece, por pequeña, sea semilla  de algo que con el tiempo ha de crecer…

Me quedo más con lo que puede llegar a ser que con lo que es…

Más con el camino para andar que con la meta conseguida,…

Que no nos falte ese anhelo de esperanza…

Que siempre tengamos alguna vela pendiente de encender…

 

Ojalá que nunca se acabe el adviento…

 

Que tengas Feliz Navidad!…

 

 Miquel Julià

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Los bocadillos que nos tiran una y otra vez

 

Uno de nuestros fundadores explica que, cierto día, estando repartiendo bocadillos en alguno de estos sitios en donde se forman colas para recoger un bocadillo, una de las personas se revolvió y le lanzó el bocadillo después de haberlo aceptado.

Ese bocadillo lanzado fue la chispa que empezó a hacer comprender que quizás eso no era lo que más necesitaba la persona. Ese fue el germen de percibir que lo que la persona buscaba y necesitaba, aunque sin saberlo, era algo más.

Nuestro fundador explica que ahí empezó a nacer la idea que hay que diferenciar entre urgente e importante: que hay acciones que pueden ser urgentes, necesidades que pueden ser acuciantes pero que, sin restarles voluntad de dar respuesta, hay “algo más”,  que es lo importante en las acciones que hacemos.

Esos son los bocadillos que nos siguen tirando interminablemente, tal y como lo relata, magistralmente Enrique Richard en su blog.

 

“¿Si no es el bocadillo, qué será lo que necesita?”

 

A mi me parece, Enrique, que, con el tiempo, hemos ido aprendiendo que esa pregunta no tiene fácil respuesta.

Y me atrevo a aventurar que lo importante está en no pretender nosotros mismos dar con una respuesta, en no pretender saber a toda costa lo que la otra persona necesita.

Si, en algunas ocasiones es fácil saber las necesidades del otro, hay una demanda de ayuda explícita. Pero otras veces lo único que observamos es que la persona no sabe lo que quiere. Y nos enfadamos y nos ofendemos porque rechazan una y otra vez la “ayuda” que estamos ofreciendo para paliar las necesidades que nosotros mismos hemos creido.

Es la experiencia de estar con el otro lo que, precisamente, nos permite acercarnos a la respuesta.

Es la sensación que, dando tiempo a la escucha y la comprensión, sin pretender que la persona haga lo que a nosotros nos parece que debe hacer, acompañando desde el estar activo con la persona, ésta puede llegar a cambiar, si quiere. Y si no quiere, nos vamos a quedar con la comprensión de todas sus dudas y incertidumbres. Porque son muchas las  veces en que la persona parece dar pasos hacia atrás, dándonos la sensación que lo que pasa es que no quiere cambiar su situación.

 

La respuesta a esa pregunta es, como mínimo, que podamos decir claramente que desconocemos la respuesta.

 

Yo experimento, mediante la relación, que no sé lo que la persona necesita y, al estilo de Sócrates, que solo sabía que no sabía nada, nosotros sabemos que lo que la persona necesita es “alguna cosa” que desconocemos.

Es sólo a partir de ahí que podemos comprender que se trata de “algo más” de lo que aparentemente estamos dando y que eso es lo que la persona siente como verdaderamente importante.

Es ese darse cuenta y comprender que sobre lo urgente en las necesidades ya estamos prestando atención, pero que no acabamos de llegar a lo que intuimos ser más importante.

No sé.

Es cierto que no sé nada.

Y no me importa estar al lado de la persona y transmitir que yo tampoco sé lo que hacer. Experimento que esa actitud es tranquilizadora para el otro. Si tu no sabes qué hacer, yo no te lo voy a decir, porque yo tampoco lo sé. Porque el otro si que puede percibir que sus dudas no son monstruosas sino que son dudas porque por eso somos personas.

Es ese sentir la vida del otro. Ese comprender su presente de vida rota y experienciar que la persona no sabe recomponer y que yo tampoco no sé recomponer.

 

¿Es mi función recomponer vidas rotas?

 

Tal y como denuncias en tu escrito, Enrique, me asalta permanentemente la duda de si es mi función dar soluciones.

Porque cuando damos soluciones, lo que esperamos impasiblemente es que la persona responda y actúe conforme hemos pretendido.

 

¿Cuántas veces hemos oído decir que nosotros ya hemos hecho todo lo posible y que si la persona no muestra voluntad de cambio nosotros no podemos seguir atendiéndola?

 

¿Cuántas veces hemos comprobado que en la acción social, ayudar condicionadamente deja de ser un instrumento motivador para el cambio para pasar a ser imposición de un comportamiento para la persona a cambio de seguir mereciendo la ayuda prestada?

 

Sin darnos cuenta, metidos en la relación con el otro, hemos convertido ese derecho que tenía la persona en un deber obligado si es que quiere continuar recibiendo nuestra “ayuda”.

Me permito recuperar un escrito colgado en este blog hace ya algún tiempo: “Acción Social Transformadora?”.

 

Ayer me encontré a Ángel por la calle. Creo que se trata del mismo Ángel del cual hablas en tu escrito, Enrique. El que abandonó la pensión después de haber tenido todas las comodidades.

 

¿ Y como es, Ángel, que rechazas la ayuda que te estamos ofreciendo?

 

Pero que pánico que me produce este pensamiento que me lo encuentro a cada vuelta de esquina!!!!!

 

Me decía Ángel que ni el mismo sabía lo que quería. Que llevaba muchos años en la calle y que no podía controlar la llamada de volver a ella. Buscarse la vida por si mismo…

Pero también me decía Ángel que cuando lleva mucho tiempo en la calle se da cuenta que no es capaz de tirar adelante. Y que es entonces cuando vuelve a desear estar en algún sitio en donde tener las necesidades cubiertas.

 

“- Yo me doy cuenta que esta forma de hacer no es normal. Que no me aclaro. Algún día tendré que sentar la cabeza…”

“- No sé…-, le decía yo, no pasa nada. Solo que sepas que estamos ahí, para cuando tu vuelvas a decidirte. Una y otra vez…”

 

Eso que te pasa a ti, esa indecisión, te pasa por ser persona. De eso me doy cuenta. Por que no eres el único que lo has experimentado.

Y no voy a ser yo quien te indique lo que debes hacer. Eso, en todo caso, habrás de descubrirlo tu.

O no!.

Pero tómate tiempo, Ángel. Tienes todo el tiempo del mundo para descubrir lo que necesitas y, si no consigues saberlo, al menos que sepas que continuaremos estando a tu lado.

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