¿Nos sentimos frustrados?

Las relaciones que más me llenan interiormente son aquellas que establezco con las personas, en la calle, que se encuentran en una situación más vulnerable. Con aquellas personas a las que les he repetido una y otra vez, sin éxito, que se pasen por nuestro centro o que les ofrecemos una habitación en una pensión como alojamiento.

A menudo me encuentro con que mis ofrecimientos caen en saco roto,… siempre escuchando “que hoy no…, que quizás la próxima semana…”.

Y la próxima semana que nunca llega.

¿Qué estoy haciendo mal?

Pero mira como llega a ser de frustrante todo esto!

¿Por qué no quieren cambiar su situación cuando les ofrezco mi acompañamiento y mi ayuda?

Entonces, quizás para tranquilizarme a mi mismo, me digo que aun no es el momento, que aun tendré que esperar a que haga más frio. O quizás cuando esté enfermo…

!Que aberración!!

Y pasa el invierno,… y pasa la enfermedad,… y la persona continua viviendo en el mismo rincón que cuando la encontré en los inicios de relacionarme con ella.

Me he creado unas falsas expectativas sobre que la persona con la que trato me seguirá.
Pero cuando me doy cuenta de que no me ha seguido, que no me ha hecho caso, me sabe mal. Me duele haber estado esperando tanto tiempo para nada…

… -Quizás es que esta persona ya está bien tal y como está…- me digo, reflexionando por última vez, ya sin darle muchas más vueltas. No hace falta que lo visite tan a menudo si no es necesario. Mejor destinar los esfuerzos a aquellas personas que quizás si que querrán mi ayuda.

Todo y con eso, la persona permanece en el mismo sitio donde la encontré, ajena al cambio que casi se produce en mi reflexión.

Y empieza la rueda de la relación con otra persona, intentando que ésta si que cumpla mis expectativas.

 

Hacía mucho tiempo que conocíamos a Roberto. Tenníamos muy buena relación. Nos esperaba cada semana. Sabiamos que hasta ese momento no quería nada más de nosotros que nuestra compañía. Pero incluso le llegamos a repetir muchísimas veces que cuando quisiera estar alojado en una pensión y estar vinculado a nuestro centro sólo tenía que decírnoslo.

Roberto estaba enfermo del corazón. En un periodo de dos meses había ingresado un par de veces en el hospital por problemas respiratoriosy del corazón.

Lo fuí a ver las dos veces que ingresó, esperando a que cuando le dieran el alta pudiera estar en una pensión, que viniera cada tarde a nuestro centro a tomar la medicación prescrita. A pasar la tarde en compañía de muchas otras personas.

Pero cuando le dieron el alta hospitalaria sentí que me falló. No quiso ir a la pensión que le había reservado con tanta ilusión.

Fuí a verlo la siguiente semana y lo encontré en el parque en donde el hacía su vida. Toda aquella mejoría que se había producido en el hospital ya se había esfumado: Volvía a estar tan deteriorado como antes de haber entrado en el hospital. Yo pretendía, volvía a intentar que reconociera de una vez por todas que en una pensión estaria mucho mejor. Pero, incomprensiblemente, el me cambiaba de tema. Me hablaba entonces de su ex mujer y de sus hijos, que hacía tiempo que no veia…

– Pero, ¿que no te das cuenta, Roberto, del estado en el que estás?

Se me pasó por la cabeza enviarlo a paseo!

Tanto trabajo perdido en la intención de que viniera al centro, en querer convencerlo… y el que me viene hablando de la ex mujer!!! …

Tanta frustración!!….

Pero cuando puedo pararme a pensar, siento entonces que Roberto no quería que le ofreciera mi ayuda para marchar de ningún sitio. Que nunca él me pidió para poder vivir en otro sitio que no fuera la calle. Puedo llegar a comprender que lo que el quería verdaderamente era mi estar a su lado, el compartir un trozo de su banco con él.

Cuando soy completamente consciente de este hecho me siento capaz de acompañar en el sufrimiento, de escuchar con atención cuando la persona me está diciendo que no se encuentra bien. Cuando la persona me dice desde su interior que tiene ganas de tirar la toalla. Entonces es cuando me siento capaz de escuchar aquello que me transmite sin la necesidad de taparme los oidos ni de responder que, por favor, no me expliques a mi estas cosas.

 

Y es cuando la persona se da cuenta tambien de que estoy escuchando, que estoy recibiéndola, que no me desespero cuando me explica sus pensamientos y dolencias.

Hablamos. Y escuchamos. Y estamos. Tranquilo. Tranquilos. Y me doy cuenta que la persona solo quería ser escuchada, tenida en cuenta… Como yo.

Solo cuando he vivido que la verdadera relación ha nacido desde la cercanía, con humildad, puedo reconocer que ésto es lo mejor que puedo ofrecer desde mi persona. Puedo reconocer que esto es lo que he de ofrecer desde mi mismo.

Porque, en el fondo, este reconocimiento humilde me hace crecer a mi también como persona.

Miquel Julià

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Quant a todoeltiempodelmundo

Soy Miquel Julià. Dicen que soy educador, pero en realidad soy persona. Mi quehacer discurre entre otras personas, en la calle, en hospitales,... Personas que se han visto arrojadas a vivir una situación de sin hogar. Miembro de Arrels Fundació. Barcelona
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9 respostes a ¿Nos sentimos frustrados?

  1. Apreciado Miquel: totalmente de acuerdo contigo y con ganas de reafirmarme en tu reflexión.

    Hablas de aprovechar el tiempo con gente que evolucionará como yo espero y deseo que lo haga. Hablas de frustración, al ver, quizás, que la respuesta de la persona no es la que yo espero y que desde mi punto de vista no es la adecuada. Y eso pasa, lo comparto y lo he vivido.

    En ese punto es cuando juega un papel importante nuestra capacidad de respeto y acompañamiento incondicional aún cuando no comulgamos con la decisión tomada por la persona. Tenemos que seguir estando, tenemos que seguir acompañando, tenemos que seguir compartiendo todo el tiempo del mundo para seguir alimentando la relación y el vínculo creado.

    Estoy de acuerdo que puede costar este acompañamiento. Acompañar en el deterioro de una persona que rechaza cualquier cosa ofrecida que podría mejorar su situación. Cuesta. Pero en el momento que aceptamos que es su decisión, todo será más fácil.

    Y no tenemos que hablar de la rentabilidad del tiempo. En ningún caso se nos puede pasar por la cabeza que estamos perdiendo el tiempo. Y es que, a mi parecer, acompañar en estas situaciones es la mejor manera de invertir nuestro tiempo. Escuchando, estando, compartiendo… De tú a tú, de igual a igual.

    Anna

  2. JM ha dit:

    Apreciado Sr. Julià,

    Hace muchos años tuve una conversación con un querido y viejo amigo mío de la que aún guardo recuerdo, hablábamos de un hecho historico medieval que a mi me parecía una aberración, él me hizo ver que a nuestros ojos realmente lo era, pero para entenderlo olísticamente debía ponerme en el cuerpo y en la mente de una de aquellas personas del S.XII. Aunque yo siga criticando aquella situación, al menos he llegado a entenderla (lo entiendo aunque no lo comparto).
    Esto mismo se puede extrapolar a las situaciones cotidianas en que nos encontramos, siempre queremos que las cosas se hagan según nuestro rasero y nos negamos, muchas veces, a intentar entender lo más profundo del ser de la persona que tenemos delante.
    La gratuidad, esta palabra tan denostada en nuestra época, se le debe volver a dar el significado y la actualidad que se merece:
    dar sin pedir nada a cambio, sólo en ese momento nuestras relaciones serán completamente plenas.

    Saludos,

    JM

  3. enrique richard ha dit:

    Vamos por partes.
    En primer lugar “los Robertos” son la razón de ser del equipo de calle.
    Cuando los conoces ellos te manifiestan que no necesitan nada, que no piden nada. Si por ellos fuera, nunca serían usuarios de ningún recurso. Es por eso que somos nosotros los que vamos a la calle a buscarlos y son preferentemente “Robertos” lo que buscamos.
    Si no hubiéramos ido a su encuentro, seguro que ahora no estaríamos hablando de ellos. Somos nosotros los que queremos que cambien. Ellos ya se sienten bien así.
    Cuando los encontramos, intentamos crear con ellos una relación, porque nos queda la esperanza que nuestra relación reforzará su autoestima y quizás algún día serán capaces de transformar sus vidas.
    Los que hacemos la calle sabemos que este proceso es duro y cuesta, sobre todo para “los Robertos” que ya así se les está bien. Y sabemos también que la autoestima y la transformación llegan hasta donde llegan… y cuando llegan…
    Para ello hemos aprendido que tenemos todo el tiempo del mundo y el gozo de ser estimados por ellos.
    Pero a mí me gustaría estirar un poco más este tema y reflexionar sobre la respuesta que damos a los “Robertos” en función de en dónde estén.
    A los que hacemos la calle y que somos quienes trabajamos este proceso en la calle, somos sensibles a ciertas valoraciones que a veces se dan (a veces de voluntarios, a veces de trabajadores) cuando -¡al fin!- se ha conseguido que desde la calle accedan al recurso (nos rechinan los engranajes):
    “Que si viene siempre sucio y huele mal”. “Que si viene siempre bebido”. “Que si no entra en la dinámica del grupo”. “Que si huele mal y no quiere ducharse”. “Que si este recurso no es el adecuado para este perfil”…
    En la calle todo es distinto. Todos “los Robertos” entran en el perfil. A veces lo que ha costado meses, años de avanzar en la calle, cuando llega al recurso parece que haya de cambiar en días.
    Cuando está en la calle no nos hacemos estos cuestionamientos. Porque en la calle no hay reglas, pero, sin reglas, “los Robertos” se transforman… Sólo les damos tiempo…, volver a empezar… y dar importancia a lo que ellos se la dan.
    En la calle estamos dispuestos a que la relación siga su proceso y adaptamos nuestro discurso y nuestro acompañamiento al “Rodrigo” UNICO que tengo delante. Con el otro “Rodrigo”, al que luego veré, será distinta mi relación y su autoestima.
    Y me sorprendo, porque al final soy yo el que también me doy cuenta de que “Roberto” me está haciendo cambiar, desde su cariño hacia mí.
    Pero seré yo quien me adapte a él, porque al fin y al cabo soy yo el que estoy interesado en que “Roberto” se sienta bien y a que confíe tanto en mí, que al final pueda darse la posibilidad de que “Roberto” quiera cambiar.
    Porque, si por él hubiera sido, seguiría en la calle.
    Enrique

  4. Fabuloso comentario Enrique.
    ¡Gracias!

    Anna

  5. Dani ha dit:

    Ostia que bueno Enrique!!! Qué bienos complementais Miquel y tú! Sois las delicias de los blogs de calle! Jajajajajajaja

  6. Miguel Virto ha dit:

    ¿Qué estás haciendo mal? ¿Frustración? ¿Falsas expectativas? Jamás pienses eso. No haces nada mal, no te debes frustrar y las expectativas acaban siendo ciertas. Ten en cuenta que a la persona que está en la calle, cuando recibe una propuesta de ayuda, le aobrevienen dos preocupaciones: adaptarse a una nueva situación y una desconfianza (muchas veces fundamentada) a que esa ayuda le vaya a mediatizar en su libertad e independencia. Adaptarse a la nueva situación es tan traumático o más que como cuando uno cambia de trabajo o de vecindario; en la calle, además de frío y hambre, se ha ganado libertad e independencia en grado superlativo. Aquí entra en juego la segunda preocupación: que la ayuda nos mediatice, nos programe y nos dirija, nos coarte y nos “castre” en nuestros logros. Dices también, con mucha razón, que a veces esos Robertos no están pidiendo una ayuda material, sino que se les escuche. Por ahí se empieza, lo demás, sin forzarlo, vendrá por añadidura. A mí me pasó lo mismo cuando entré en contacto con Arrels: pedí un periodo de gracia -unos días más en el cajero- para despegarme paulatinamente de un habitat y pasar al otro; estaba enfermo y, sin embargo, tardé varios días en tomar la decisión de ir a una pensión. Después pasó un tiempo hasta que me fui integrando en las actividades, al ver -no sin previo recelo- que no se me pretendía dirigir ni mediatizar, sino impulsarme, sin forzarme, en mis capacidades. Y cuando he querido ayudar a otros, idóneos y bien dispuestos, también me han fallado… de momento. En cualquier momento surge la sorpresa de que lo admitan cuando tú lo das por perdido. Así que desármate de frustraciones y desencantos y, eso sí, ármate de paciencia. Pero estando siempre satisfecho de que lo que haces es una gran labor y da sus frutos. Precisamente todo empieza por… hablar, transmitir confianza y comunicar a la otra persona que no se le va a robar nada y sí va a ganar mucho. Sin paternalismos ni ñoñerías (que de eso ya se encargan otros). Te lo dice un experto. Ánimo y adelante.

  7. Dani ha dit:

    Mmmmm… Siempre me había picado la curiosidad de saber como percibian los demás al equipo de calle o como se sentian ante una propuesta de pasarse por Arrels o dar algun servicio a la persona. Creo que los dos puntos que planteas (preocupación al cambio y la desconfianza por pérdida de libertad) me ayudan a entender mejor.

    Si mal no entiendo, se trata que cuando una persona, por primera vez, viene al centro abierto se trata de que se sienta libre y que sepa que “se le ofrecen” servicios (ojo! diferenciar de “dar servicios”). Seguramente añadiendole a esto el hecho de ver en el centro que otr@s semejantes “han sobrevivido a Arrels”, manteniendo su libertad, debe ser el otro punto a favor… Supongo que ahora entiendo mejor la utilidad concreta que tiene el espacio con los asientos y mesas cerca de la puerta. En cierto modo, con un paso estás dentro y con otro fuera (libertad)… Creo que me ayuda a entender más los espacios y las utilidades de cada uno.

    Me preguntava si el hecho de estar tanto tiempo en la calle y en cierto modo, “apropiártela” como tuya tambien influye. En otras palabras… El hecho de considerar la calle “tu casa”, no tienes recelo de dejar tu viejo y conocido “hogar”? Cómo puede afectarte esto?

    Por cierto, muy buena la aportación, Miguel

  8. Señor Virto, valuosísima su aportación. ¿Quién mejor que usted nos lo va a contar?

    Pero para rizar el rizo quiero hacer una reflexión a lo aportado por usted. Usted habla de unas expectativas creadas que acaban siendo ciertas. Yo creo que a veces, las expectativas creadas no se acaban cumpliendo. La mayoría de las veces, porqué tendimos a crearlas muy altas y sin tener en cuenta, en ocasiones, el ritmo de la persona. Pero no debemos desanimarnos. De aquí debemos reflexionar y pensar que siempre conseguimos algo. Siempre.

    Anna

  9. Jordi Riera ha dit:

    Magnífica la reflexió i les diferents aportacions. Crec que la vostra tasca és extraordinària. de fet fins ara jo sóc inpaç d’assumir-la. A mi allò que més em frustra en ocasions és que intento -simplement- fer-vos publicitat i em trobo molta fredor quan no un radical tancament a base de tòpics. Costa pensar des d’una altra lògica que no sigui la del capitalisme selvàtic que ens han anat imposant. Però totes aquestes persones són clams a la nostra consciència. El món que ens hem construït és excloent i egoista i amb això aprofito per lligar-ho amb l’article de l’Anna sobre la campanya electoral. No deixem que la lògica de la insensibil.litat s’imposi!
    Gràcies per la vostra feina i la vostra humanitat.
    Jordi

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