Acción Social transformadora?

Hace unos días, Enrique Richard agregaba un comentario a uno de los artículos del blog que a continuación repito aquí porque me parece de una temática más que interesante.

Decía así:

¿Sabes lo que más me indigna de todo esto? Que muchos de los que se dedican a la exclusión en los servicios sociales no se creen que el vivir dignamente sea un derecho como lo es la educación o la salud (ver, si no, la polémica del Bendito dedo). Y entonces, este derecho que, como tal, sería intocable, muchos servicios sociales lo utilizan como moneda de cambio. Como un regalo que yo, que tengo la sartén por el mango, lo utilizo para que tú te comportes como te has de comportar, porque, si no, te quito el regalo que te estoy haciendo. Y así los elementos que les dan y que les deberían servir para lograr su autonomía (sin prejuicios), se convierten para el excluido en la Espada de Damocles que en cualquier momento le puede devolver allí de donde salió. No se permite la equivocación o el uso incorrecto o el comportamiento altisonante.
Cualquier hijo de vecino tiene derecho a equivocarse y a ser bueno o a ser malo; pero, ¡claro!, el hijo del vecino se gana las habichuelas, el excluido, no. A los excluidos les damos las habichuelas como reclamo para que se integren; pero si no se integran tenemos todo el poder del mundo para quitárselas. ¿Eso es lo justo? ¿Es eso creer en el derecho a vivir dignamente si resulta que para ganar este derecho debe demostrar que se lo merece?
Yo no soy profesional, no sé cómo se ha de hacer, pero ¡nunca puede ser que nos erijamos en jueces de los derechos del otro! Si es así, nos equivocamos. Habrá que exigirle al profesional que busque otras alternativas y, ¿por qué no?, hacerle admitir que nadie es perfecto (ni tan siquiera nosotros), pero que los derechos no son moneda de cambio. Y el derecho a vivir dignamente -como el derecho a la vida-, mal que en ocasiones nos pese, lo tenemos tanto los buenos como los malos, el que es justo como el que no lo es, el que es honesto como el falso, el que es honrado como el que roba, el que utiliza bien sus recursos como el que los dilapida…
El hacer este derecho intocable seguro que hace más difícil la faena al profesional en su trabajo hacia la autonomía de la persona excluida, pero es entonces, que cobra todo su sentido “los setenta veces siete” y “el todo el tiempo del mundo” de Arrels.

En el fondo, de lo que hablaba Enrique no es más que del eterno dilema entre los derechos y los deberes: Todos contamos con unos derechos, pero también con unos deberes.

Con esa premisa tan sencilla avanzamos, sin más, en el camino de la acción social con las personas que en nuestro quehacer cotidiano vamos atendiendo.

– Puedes venir a comer a nuestro comedor…

– Te ofrecemos una cama y protección bajo techo…

– Que si ahora te tramito una renta mínima…

– Pero tu has de buscar trabajo…

– Tienes que dejar de beber,… que es malo para tu salud…

– Has de venir a las entrevistas pactadas…

– Tienes que…

Bien! Más o menos…

El quehacer que se desprende de las relaciones que mantenemos ha de permitir ese toma y daca sin el cual ninguno de nosotros podríamos crecer. Yo doy, pero también recibo! Tu recibes, pero tienes que dar!.

El niño también madura a base de pequeñas frustraciones que le empujan cada vez más a estar metido en el gran mundo. Si no haces los deberes no saldrás a jugar… Y al final, hace los deberes, con tal de jugar y con tal de seguir mereciendo ese cariño sin el cual no podría ir creciendo.

Y ahí, en ese dar y recibir, en esa paulatina adopción de compromisos y responsabilidades a cambio de merecer un lugar en el mundo es donde todos y cada uno de nosotros vamos creciendo hasta el final. Todos vamos haciéndonos mayores y cada uno en su camino.

Si. Ahí tiene sentido nuestro trabajo con las personas que atendemos. Las relaciones que mantenemos con los usuarios y usuarias de servicios, clientes, personas que aparecen,… y tantos otros nombres como queramos llamar a las personas que tenemos delante y que están inmersas en un proceso de exclusión.

¿Pero, que pasa con aquellas personas que parece que ya han decidido que no pueden ofrecer nada más de si mismas a cambio de continuar recibiendo servicios des de la atención social?

¿ Que ocurre con aquellos a los que la sociedad, y quizás hasta nosotros mismos, considera totalmente excluidos del sistema? Personas que pululan por la ciudad. Expulsados una y otra vez de todos los centros y servicios de atención social. Personas no aceptadas en ningún lugar: centros de día, comedores, pensiones, albergues,…

Parecen personas que ya no entran!

¿Podemos, desde nuestras limitaciones profesionales, dejar de pensar en situaciones y en personas alegando en que ya no podemos hacer nada más al respecto?

Desde el punto de vista de nuestros valores, moralmente, ¿ como acostumbramos a resolvernos este dilema?.

¿ Cuantas veces nos hemos parado a reflexionar cual es nuestra postura ante la situación de aquella persona sobre la cual el único planteamiento que se hace desde cualquier entidad es el de “no podemos hacer nada más por esta persona”?.

¿Cuantas veces nos hemos dicho que tenemos demasiado trabajo pendiente de hacer como para prestar atención a aquellas situaciones personales que, aunque pocas, son desbordantes por no saber ni lo que se puede hacer?

Algunos dirán que yo no puedo cambiar el mundo y que las cosas son así, concluyendo tranquilamente que no viene de un caso perdido.

Otros dejaran caer y caer la persona en el pozo de la exclusión mientras continúan agarrándose a la idea de que la persona tiene que dar pasos de cambio, sin los cuales no hay nada que hacer. Y se empecinan en pretender esa voluntad de cambio no existente a pesar que la situación de la persona va degradándose cada vez más. Es como un lavarse las manos. Si quiere, la persona ya sabe lo que tiene que hacer!.

Los más audaces esgrimen soluciones carcelarias, como mal menor, para aquellas personas que dentro de su exclusión han cometido delitos y faltas y se encuentran en un laberinto de causas judiciales tan largo como su vida misma. Es aquello de, al menos, ahí dentro tendrá techo y comida. La cárcel!! Hay quién propone la cárcel, en determinados casos, como única atención social posible!!!!

Me dijeron que los recursos de atención social son limitados y que, como que dentro del sistema tengo que contar tan solo con lo que tengo al alcance, no puedo hacer nada por cambiar la situación de esa persona. Más vale el carpetazo al expediente y ocupar el tiempo en tantas otras situaciones y casos en los que si parece que se puede obtener algún rendimiento.

En definitiva, el dilema queda planteado en si pensamos y actuamos convencidos de que las personas continúan teniendo derechos aun constatando que ya no cumplen ninguno de los deberes. En estos casos, ¿se siguen mereciendo los derechos, o ya no?

No lo sé.

Pero entonces me planteo quién soy yo mismo.

Yo no puedo cambiar el mundo!… se me ha dicho…

Pero veo que si lo comprendo. Si que intento empatizar con algunas personas incapaz de saber que pasos hubiera dado yo de encontrarme en su contexto vital. Me acerco y estoy… Me acerco y escucho… Comprendo y me apercibo de situaciones vitales muy diferentes: La mía y la de esta persona… Y con el paso del tiempo constato que esa sensación de vida diferente, se va transformando en sensación y en deseos de justicia social.

Quién soy yo?… Educatriz?… Asistente?…

Pues claro que puedo cambiar el mundo!! Es entender que el hecho de acompañar y atender las cosas pequeñas que rodean mi parcela de vida es la acción social que puedo y debo hacer. Y yo estoy aquí con mis valores, con mis respetos para las cosas y con mi persona. Porque si! Porque yo, con mi persona, también soy un recurso más para aquel que se acerca demandando unos servicios.

Hay quién al salir o entrar a casa para ir al trabajo se pone el disfraz de educador, como el que se pone el mono de mecánico al llegar al taller o como la doctora que cuelga la bata al abandonar la consulta.

Se deja caer la persona en su pozo de exclusión esperando a que ofrezca signos de cambiar antes de seguir prestando los servicios que nosotros mismos le hemos quitado por no cumplir con los pactos que, también nosotros mismos, nos hemos empeñado en establecer.

No entiendo!!

La cercanía del acompañar me impide argumentar que alguien pierde su derecho a vivir con dignidad. A vivir como persona!!

– Felipe tiene que dejar de beber. Y punto!

– Vamos a ver: Pero si lleva cuarenta años bebiendo!!

– Si, pero beber es malo. Punto!

– Y dale…

Estábamos Jose y yo, sentados, ahí abajo. Se quejaba de que está en la calle, siendo él uno de los más antiguos en nuestro centro, y que nosotros no hacemos nada por remediarlo. El quería contármelo. Lo habían echado de la pensión porque, al parecer, el portero de la pensión es la persona más peor de todo el mundo. Lo cierto es que Jose ya lo ha quemado todo: Ha quemado todas las pensiones y todos los albergues. Ha quemado centros y comedores sociales. Con sus 66 años ha quemado hasta su familia…

Jose insistía implacablemente en su inocencia. El no tenía la culpa…

– Que no, Jose…que yo no te hablo de culpables…

No sé por qué, Jose, no sé que tiene,… pero se hace profundamente entrañable estar a su lado.

– Jose,- le decía yo- el problema es la horchata que te metes en el cuerpo…

– Pero que horchata ni que hostias?, si a mi no me gusta la horchata!…- responde el, ronco de voz, perplejo y con los ojos aun embebidos por la horchata.

– Si hombre! Cuando bebes, vas que ni te aclaras. Hay quien tiene buena bebida, y hay quién no… ¿Cuantas veces has dejado de beber, Jose?.

– Muchas…!!

– ¿Lo ves?

Esa tarde rondaba también por ahí abajo Luis, que acaba de venir de recorrer media España, de albergue en albergue. Jose y Luis se conocen desde hace muchos años, de compartir las calles de Barcelona.

– Eh, tu! dame un cigarro… – le espeta Jose invitándolo a entrar en la charla.

Luis que se acerca, contento de estar en el centro, haciendo chasquear los dedos de las manos, como queriendo dejar claro que el es el más callejero de todos.

– Pero si estás fumando!- responde Luis.

– Dame un cigarro rubio, cabrón! – repite Jose mientras lanza al suelo, asqueado, el ducados que le acabo de ofrecer.

– No tengo más! – contesta Luis zanjando el asunto.

Pero Jose ya ríe. Jose, que acaba de perder todas sus pertenencias y posesiones privadas (ese medio ducados que le quedaba) vuelve a reir. Y con su risa nos contagia a Luis y a mi.

– Ya ves, Luis! Jose está en la calle…- le comento.

– Y yo que te crees?… – se devuelve Luis, casi divertido, para pasar a relatar a continuación el último farol, según el cual, en el cajero donde dormía en Murcia un hombre le lanzó al suelo un fajo con 140€.

Luis se ríe. Y Jose y yo también.

– ¿Cuanto tiempo hace que venís por Arrels, Luis? -le pregunto.

– Eh! que nosotros inauguramos esto!! -contesta Luis, ahora seriamente.

Si. Luis y Jose fueron de los primeros en acudir a nuestro centro. De eso ahora debe hacer quince o veinte años…

Cuando llegaron lo hicieron sin nada a cuestas. Dormían en la calle. Ahora continúan durmiendo en la calle, y lo único que tienen de más son veinte años.

Pero, como os aprecio!!, Jose, Luis!… como os aprecio!. Como valoro vuestro agarrarse a la vida!. Sobrevivientes!.

Se me empaña un nublo de tristeza… Jose ya contaba los pocos años que le debían quedar de vida.

Y yo? Que es lo que tengo que exigiros? Que es lo que os debo pedir a cambio de?…

Sabéis, Jose, Luis? Estoy aquí con vosotros. Compartiendo todo el tiempo del mundo que sea necesario. Y estoy aquí con vosotros comprendiendo que habéis venido a buscar aquello que es lo más importante.

Habéis venido a buscar ese aun esperado cariño del niño que, sin hacer los deberes, se ha quedado sin salir a jugar.

Habéis venido buscando eso mismo que yo he encontrado. El compartir con la relación. La sensación del estar con.

¿Como voy a pediros, exigiros, que mostréis voluntad de cambio para que podáis obtener techo y comida?

Al fin y al cabo, a medida que avanza el tiempo de la relación y la cercanía me apercibo que el techo y la comida es lo de menos.

Lo entiendo. Lo comprendo… Lo siento así!.

Ese pedir vuestro no puede formar parte del intercambio, del toma y daca interminable…

Yo ya no os voy a recordar más que no hicisteis los deberes en su momento. Y en esa profunda comprensión de vuestra situación soy yo el que me siento dignificado.

Claro que puedo cambiar el mundo! Comprendiéndolo ya lo estoy transformando.

No… Jose…, Luis!

Vosotros no os tenéis que ganar un lugar en el mundo a cambio de nada. Vuestra biografía es ya presente. Junto conmigo. Y no es ya que mis obligaciones sean de defender vuestros derechos o de exigiros contraprestaciones. Es, casi como dándole la vuelta a la situación, mi derecho a seguir sintiéndome cercano a vosotros. Mi derecho a comprender, crecer y madurar con vuestra situación dignificada en justicia. Mi derecho a cambiarme a mi mismo y, al mismo tiempo, transformar el mundo que me rodea. Como persona.

Miquel Julià

Noviembre ’07

Arrels Fundació

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Quant a todoeltiempodelmundo

Soy Miquel Julià. Dicen que soy educador, pero en realidad soy persona. Mi quehacer discurre entre otras personas, en la calle, en hospitales,... Personas que se han visto arrojadas a vivir una situación de sin hogar. Miembro de Arrels Fundació. Barcelona
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16 respostes a Acción Social transformadora?

  1. Retroenllaç: indigencia » Blog Archive » “Todo el tiempo del mundo”

  2. Olga ha dit:

    Crec que en el que tu sents i exposes en aquest escrit està la base de tot i que textos així haurien de ser material de reflexió per a qualsevol professional o, millor, per a qualsevol persona.

  3. Retroenllaç: ¿Acción Social Transformadora? « CON CARTONES POR LA CALLE

  4. enrique richard ha dit:

    Un día de estos de Noviembre habré hecho o haré -se me perdió el día- 5 años de hacer calle con Arrels.
    Y en este tiempo tu discurso no sólo me ha dado razones para trabajar, sino que ha llenado de palabras mis propias razones. Tu discurso se ha ido haciendo el mío.
    Por eso, cuando he leido tu última aportación no he podido evitar el sentirme plenamente de acuerdo con lo que dice.
    Su exposición puede convencer o no al que lo lee, pero es desde la calle, también seguramente que desde Residencia o desde Hospital, que su argumentación adquiere pleno sentido.
    En la calle sabes, intuyes, interpretas que lo que el otro padece es, sobretodo, soledad.
    En la calle sabes, intuyes, interpretas que lo que el otro sufre es, sobretodo, violencia.
    En la calle sabes, intuyes, interpretas que lo que el otro sufre es, sobretodo, desamor, desconfianza, rechazo, olvido, desprecio…
    En la calle poco hay que hablar de deberes y sí, y mucho, de ofrecimiento. Y en ese ofrecimiento -lo lleva el “paquete”-se incluye “a tí mismo”.
    Ya el primer encuentro, el primer saludo, no es otra cosa que “ponerte a disposición de”. Y en este primer conocerte admites hasta el rechazo, que será correspondido días después con un nuevo saludo. Hasta, si puedes, conseguir la aceptación del que en un principio te rechazó. Todo será cuestión de paciencia…
    En la calle no puedes pedir el intercambio: Te das gratuitamente y no esperas la moneda de cambio, porque a lo que aspiras no es propiamente a integrar, sino a que la soledad del otro se sienta acompañada.
    Así, la casa descapotable que dice tener por cobijo nuestro bien querido Juan José, que no tiene ni tejado, ni ventanas, ni puertas, no la quiere cambiar. No está dispuesto a perder 40 años de vivir en la calle por una pensión. Y tú no lo entiendes, pero lo aceptas, aunque no puedes evitar el pensar que es injusto que Juan José viva así. Y te preguntas qué habrá pasado en su vida para que Juan José quiera seguir viviendo de esta manera; pero no te planteas nada a cambio, sólo piensas en su derecho a que Juan José pueda vivir bien. Tú, entonces, te pones a su lado a escuchar, a esperar, a incitar…
    Juan José no da nada a cambio y tú no le pides nada a cambio, pero al cabo del tiempo notas que él sí ha cambiado.
    Cada martes Juan José nos espera, a Puri y a mí, para contarnos de su vida. A veces se empeña y hasta nos dejamos que nos invite a un cortado…

  5. Sonia ha dit:

    El Jose l’altre dia em deia que “allò era seu, que ell havia fundat Arrels i que d’allà no el farien fora.”
    I nosé si vaig entendre el missatge, però segurament anava pel “m’han fet fora de l’habitació, potser ara no tinc res (material) però no, Arrels no me la tocaran”. En el sentit de les relacions i el caliu que ell troba aquí, segurament indispensables en alguns moments.

    Miquel, és un plaer poder llegir aquestes reflexions teves, m’ajuden a situar-me més i millor en el ser i fer d’Arrels. Mica en mica suposo.

    Una abraçada,
    Sonia.

  6. Marisol Ha hecho el siguiente comentario:

    Ayudar o no ayudar, he aquí el dilema…
    (del latín “ adjutare” contribuir con otro a la ejecución o logro de una cosa)

    ¿Tiene que ser ayudada la persona que lo necesita? ¿Tiene sus derechos? ¿Es de justicia?
    La verdad es que estas y otras muchas reflexiones que me van viniendo a la cabeza me desbordan. Si llegamos a la conclusión que si, ¿como?, ¿ lo decidimos porque creemos que es lo mejor para ella?, ¿y si no lo es?, ¿y si ella, en pleno derecho de su libertad, no quiere?, ¿Intentaremos coaccionarla?, Porque es por su bien… y más, y más, y más, pero, ¿y si creemos, no sé en base a qué podríamos llegar a esta conclusión, que no se lo merece? Aquí la cosa tiene miga. Ojo con creernos todopoderosos, pequeñitos dioses, tanto para bien como para mal.
    Yo prefiero reflexionar, más que por los derechos, por la experiencia que me ha dado la vida y por lo que me dicta la conciencia.
    Hay personas que colaboran y que llega un momento que no pueden dar más de si mismas, y hay personas a las que nosotros alegremente tachamos de vividores o caraduras.
    ¿Qué pasa con aquellas personas que parece ya han decidido que no pueden

    dar más de si mismas a cambio de continuar recibiendo servicios desde la atención

    social?

    Bajar el listón, a lo mejor, podría ser un comienzo, unas expectativas de baja

    exigencia.

    Si no pides una contraprestación estas haciendo caridad, limosna. Como tu ya no vales nada, te lo hemos de dar todo, en el bien entendido que soy yo quien decide lo que te doy y lo que no.
    El hecho de tener la posibilidad de colaborar en tu propio provecho, (sea económicamente, sea respetando unas reglas de juego) en si mismo es todavía mejor que la finalidad que se persigue. Tú decides.
    Siempre estaremos a tu lado, sabemos que es muy difícil, pero yo no puedo hacer tu trabajo porque te respeto demasiado.

    Vamos muy rápidos a juzgar a una persona de caradura. Desde mi punto de vista,
    tampoco es un chollo tener que vivir de lo que otros deciden que te van a dar. En todo caso, y aunque no lo compartamos, lo hemos de respetar, y mira que cuesta….
    Tampoco sabemos si dentro de unos años “caradura” se considerará un tipo de enfermedad mental. No hace tanto tiempo el alcohólico o el jugador eran considerados como viciosos. Ahora son tratados como enfermos.
    Y si, por ultimo, se nos “cuela” un CARADURA consciente, tendremos que aplicar la reflexión sobre la pena de muerte. Es preferible que un asesino ande suelto que matar a un inocente.

    Marisol Alafont
    Noviembre 2007

  7. Sebastià ha dit:

    Després d’aquesta excel.lent dissecció d’un dels dilemes més sovintejats per les nostres consciències (la dels professionals i no tan professionals), m’agradaria fer la meva petita aportació a aquest Tot xop d’experiència.
    Penso que abans dels drets i dels deures va ser allò de bo i dolent (“del bien y del mal, de lo bueno y de lo malo”), d’aquí va surgir la nostra manera de vuere les accions pròpies i alienes com a bones o dolentes i, per extensió, la nostra manera de categoritzar a les persones segons si actuen bé o malament. O potser no?
    Tinc la extranya sensació de què tots nosaltres en algun moment o altre de les nostres actuacions hem de lluitar, sense tenir-ne massa consciència a vegades, contra la tendència ancestral a classificar la vida dels altres a partir de les nostres categories morals (aquelles que ens permetem usar en tant que persones tocades pel privilegi de tenir vides més que menys normalitzades).
    L’altre dia, el Sr. A. em va dir, sí, sí, yo soy de los malos (referint-se a les persones que habitualment hi ha al Centre Obert). Jo, una mica sorprès li vaig dir que ja està bé, per què si a la vida tots fóssim bons seria molt avorrida, no?
    Què és bo ? Què és dolent? Qui és bo? Qui és dolent ? Què som nosaltres? La meva suposada bondat és relativa en tant que me la puc permetre, de la mateixa manera que la suposada maldat d’algunes persones és relativa en tant que també se la poden permetre.
    Tanmateix, penso, seguiré sent suposadament bo per tal de contribuir bonament al gaudi de les persones suposadament dolentes, compartint amb elles els bons i mals moments.

    Sebastià Sala
    (Treballador social CO)

  8. Elisabet ha dit:

    Hola bon dia Miquel!!

    M’ha fet molta il·lusió trobar-me aquest blog i llegir els teus punts de vista, comentaris, reflexions i sobretot poder observar que vols un canvi com a molts de nosaltres.
    Volia posar-me en contacte directament amb tu, per un treball de recerca i un projecte que estic desenvolupant per fer una intervenció amb aquest sector. Normalment es basa en comprendre les causes, les necessitat de serveis i les característiques demogràfiques… però no es reflexiona mai en la vida d’aquestes persones i en com experimenten el seu món… són moltes coses que es veuen i s’ignoren!! Jo des d’on puc arribar he treballat i intento continuar amb aquestes persones amb dificultats.
    Primer de tot també sóc persona i intento dedicar-me com integradora social.

    Espero la teva resposta, tens el meu email.

    Moltes gracies i continua!!

    Una abraçada

    Elisabet Díez

  9. Charo y Txuso ha dit:

    Activismo puro y duro. Hacer y hacer, incluso deshacer, muchas veces sin detenernos en lo que realmente se necesita, sin tener en cuenta a la PERSONA.

    Es cierto que es necesario la creación de recursos, dignos, estables y respetuosos con las personas, que den respuesta a los ciudadanos que lo han perdido todo, incluso las ganas de vivir; pero no por ello los tenemos que condenar, aún más, a una vida más vacía, más dura, mas indigna.

    Muchas personas, como José o Luis, necesitan tener a alguien al lado, que los escuche y aunque no los entienda por lo menos les comprendan y sobre todo les defiendan. No solo a ellos, también a su causa a su situación (GPS: grupos de presión social).

    La soledad, como dices, es la “enfermedad” común en personas sin hogar, y romperla aunque sea durante algunos instantes puede ser un “remedio” generador de cambios. Hemos de intentar hacerles sentir protagonistas, tod@s necesitamos sentirnos “especiales” en algún momento: un día, una semana, o en el mejor de los casos, toda la vida.

    Cuando menguan los recursos personales y sociales, sólo queda “nosotros mismos”: la persona, y con la persona su identidad, una identidad forjada a lo largo de los años, no puedo ni imaginarme perder mi identidad: quién soy, de dónde vengo, hacia dónde voy, quienes me acompañaron, quienes me acompañan y quienes me acompañarán…

    Si no tuviera compañer@s en el viaje de la vida, no podría compartir mis experiencias, mis sentimientos, actitudes, en definitiva no podría compartir mi vida…

    Una vez me explicaron que cuando haces una fotografía una persona, lo que se queda gravado no es la imagen, si no la luz que emite, que refleja y siempre es en función del entorno. Si el escenario es oscuro y no hay luz la persona saldrá oscurecida, si en el entorno hay luz la persona saldrá iluminada. Al igual que en las fotos, somos y seremos lo que se refleja sobre nosotr@s.

    Jorge M. Bukay lo “borda” en QUIERO:

    Quiero que me oigas, sin juzgarme
    Quiero que opines, sin aconsejarme
    Quiero que confíes en mi, sin exigirme
    Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mi
    Quiero que me cuides, sin anularme
    Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en mi
    Quiero que me abraces, sin asfixiarme
    Quiero que me animes, sin empujarme
    Quiero que me sostengas, sin hacerte cargo de mi
    Quiero que me protejas, sin mentiras
    Quiero que te acerques, sin invadirme
    Quiero que conozcas las cosas mías que mas te
    disgusten, que las aceptes y no pretendas cambiarlas
    Quiero que sepas, que puedes contar conmigo.

    Sin condiciones.

    Jorge M. Bucay

    Yo he visto verdaderos (iba a decir milagros) cambios a partir de la relación, una relación basada en el respeto, la confianza y la escucha activa.
    Soy profesional y dispongo y gestiono los recursos que mi entidad y la administración pública ponen al servicio de las personas en situación de sin hogar. Pero sobretodo soy persona y sé que en última instancia me queda como recurso yo misma, y lo utilizo de la mejor manera que puedo y sé.

    Muchas veces nos olvidamos que, en ocasiones, nosotros mismos podemos ser agentes de cambio.

    Con las relaciones positivas y con los recursos adaptados (la adaptación debe ser de los recursos, no de las personas destinatarias) se logra recomponer el puzzle. Creo que, poco a poco, vamos hacia ese camino…

    …qué como diría el poeta:

    “Caminante, son tus huellas
    el camino y nada más;
    Caminante, no hay camino,
    se hace camino al andar.
    Al andar se hace el camino,
    y al volver la vista atrás
    se ve la senda que nunca
    se ha de volver a pisar.
    Caminante no hay camino
    sino estelas en la mar.”

    Charo y Txuso… desde la tranquilidad…

  10. Francina Alsina ha dit:

    Deprés de llegirme tant l’escrit de’n Miquel com els de la resta de companys, molt poc queda per a dir, si d’entrada estar totalment d’acord amb la Olga, per a dir :Miquel gràcies per a obligar-nos a fer parada i reflexionar.
    Quan sembla que ja som doctors en el tema, ¡ fa tants anys ! que estic al costat d’ells i amb ells que ja ho sé tot, doncs no resulta que no, que encara a hores d’ara em descobreixo dient al Miquel ” em sap greu peró en José no fa cap mena de progrés” i en aquest comentari ja estic exigint un resultat de bona conducta, perquè m’incomoda que quan jo l’hi faig el meu millor somriure( o aixó és el que penso, a saber) el que rebo és una bronca i tal vegada acompanyada d’un insult, i dins meu no puc evitar empipar-me i encara que no ho vulgui reconeixer surt aquella espurna de pensament que diu “serà desagraït, que més vol”.
    I soc incapaç de veure el seu ritme, el que com molt bé em fa veure en Miquel, cada dia ve al centre, és tot un exit, fins ara era impensable, i jo tan sensible ni me n’havia adonat. Sense sospitar-ho estic tenint la mateixa actitud de malauradament tants treballadors socials que clasifiquen amb un “no podemos hacer nada mas”. Aixó a part d’admetre un fracàs, és també admetre que per aquesta feina ell/a no son valids, mai pot passar per la nostra ment una valoració com aquesta, hem oblidat el fer i l’estar, serà la persona la que farà mentre nosaltres seguim estant .
    Nosaltres tenim molt a fer peró no amb els nostres amics els exclosos, sino amb els que els exclouen, no fa massa llegia un escrit on sortia la seguent reflexió ” Los cambios profundos y duraderos en la sociedad no viene de arriba sino de abajo, solo cuando cambia la mentalidad del pueblo, de la gente en general cambia la sociedad “.
    Primer cal que siguem capaços, a part de tenir-ho clar , de saber-ho posar en pràctica ii amb la nostra actitud acabarem contagiant el nostre entorn, som agents de cambi i ens ho hem de creure.
    Gràcies Miquel per a fer-me tocar de peus a terra i a tots per les vostres reflexions.
    Francina Alsina
    18 anys de voluntaria a Arrels

  11. Anna ha dit:

    Benvolgut Miquel,
    una vegada més, a través dels teus escrits, fas que no em quedi indiferent davant el que exposes i em fas reflexionar. I que bé que va fer una reflexió ben profunda sobre allò que fas dia rere dia.

    En aquesta ocasió donem voltes al tema dels drets i els deures de la persona. Del donar i del rebre. I em pregunto… hi ha d’haver una contrapartida sempre? El donar ha de ser sempre a canvi de? Llavors, on està la gràcia?

    La gràcia està en estar al seu costat, donar-los afecte, compartir una tarda, una estona, un cafè….en definitiva, tractar-los de tu a tu, d’igual a igual a canvi de res. Tenir tot el temps del món per a ells a canvi de res. I és cert que hi ha casos en què s’han cremat tots els recursos, s’han esgotat tots els esforços…. Però li donarem l’esquena per això? Aquesta persona, el José, de qui parla el Miquel, segueix venint per Arrels després de 20 anys. I per què continua venint? Doncs perquè, com assenyala la Sònia, aquí troba el caliu que necessita. Aquí, a Arrels, troba l’afecte que li falta, troba la companyia que necessita, troba el somriure que el dignifica, troba la mirada que el fa sentir persona…. I tot això a canvi de res.

  12. "un lugar en el mundo" ha dit:

    Buenas Miquel y compañía,

    Sigo leyendo el texto y sigo encontrándome “despistado”, “descolocado”, “inseguro”, “intrigado”, “implicado”…

    Tengo opiniones encontradas y creo, solo creo, que puedo defenderlas de igual manera. Es decir, me haces dudar y no soy capaz de posicionarme. Ando dándole vueltas a como coger este, tu/vuestro texto (sustituye texto por reflexión) y se me ocurre una:

    En diferentes momentos de tus reflexiones escribes una frase lapidaria: “Vosotros no os tenéis que ganar “un lugar en el mundo” a cambio de nada”.

    Esta frase abre una brecha y me transporta a una historia que pude ver en el cine. La mejor película que he visto en lo que llevo de vida: UN LUGAR EN EL MUNDO.

    ¿Que tiene que ver esta película con el tema que nos ocupa?

    Para empezar, decirte que habla de: sentimientos, idealismos, derechos y deberes, reflexiones, luchas, poder, justicia, compromiso, esperanzas, nostalgia, desencantos, alegrías… Pero sobre todo habla de formas de hacer, entender, mirar, escuchar, compartir y luchar en la vida.

    LA HISTORIA:

    Hans, un geólogo español que trabaja para unos adinerados terratenientes, llega a un pueblo del interior de Argentina buscando petróleo. Allí conocerá a Nelda (una religiosa muy particular) y a Mario y Ana, un matrimonio que emigró desde Buenos Aires, y a su hijo Ernesto. La historia se cuenta a través de la mirada de Ernesto (El no encuentra su lugar en el mundo, aunque lo busca constantemente). Mario, su padre, durante el proceso militar se exilió en España. Junto con Ana, su esposa, son laneros y forman una cooperativa con los habitantes del pueblo, San Luis, para defender su producción lanera. También son maestros de un pequeño pueblito, llamado villa de Praga.

    Todos juntos lucharán, cada uno a su manera, contra las injusticias sociales.

    LOS PROTAGONISTAS:

    Ernesto, que decide pasar un día en el pueblo de su infancia, San Luis, en un remoto valle de Argentina, y así poder recordar las anécdotas y hechos que le convirtieron en la persona que es ahora. Recuerda su infancia llena de lucha, amor y utopía. Capaz de enfrentarse, junto a su caballo, a la máquina (el tren) y ganarle. Capaz de convencer a Hans (adulto) de coger las riendas e intentarlo y demostrarle, que él también puede conseguir la utopía. Capaz de enamorarse de la hija del capataz enfrentado con su padre (Mario) y luchar para que su amada pueda “aprender” y romper así con los roles establecidos. –Él, buscaba su lugar en el mundo-

    Nelda, una religiosa que mantiene una actitud de predisposición, tierna, mediadora y reflexiva ante los conflictos; se enfrenta a ellos de forma constructiva. Pero que a su vez siente su vida llena de dudas, contradicciones y resignaciones. –Ella también busca su lugar en el mundo-

    Hans, dispuesto a dejarse llevar, probar, descubrir y teorizar las situaciones. Quizás su papel sea crear la duda y la acción que provoque la reacción. Es capaz de relacionarse y enfrentarse con todos y cada uno de los personajes de la historia. –Acaba buscando su lugar en el mundo-

    Ana, siempre fue a remolque de Mario (su marido) pero cuando aparece Hans todo cambia. Hans hace que se enamore de la duda y, junto con la duda, se revela. Sigue creyendo el los fines pero no con los medios establecidos. Decide romper: enfrentándose pero también huyendo. -Buscaba su lugar en el mundo-

    Mario, creo que su papel es el más difícil, representa: el líder, el idealista, la experiencia, la seguridad en si mismo, la lucha personificada. Quizás el momento que lo define es cuando quema la lana; pocos minutos antes, Mario charlaba con sus compañeros de la cooperativa sobre la conveniencia o no de vender la lana al Terrateniente y terminaba su intervención con un “pero claro, es sólo mi opinión”. Y al rato aparece barriendo las opiniones del resto quemando la lana de todos. Mirando las llamas le dice a su hijo (Ernesto): “hijo, no estoy loco, algún día lo vas a entender. Ahora tendrán que empezar de nuevo. Ya no tienen nada que perder…”.
    -Él, había encontrado su lugar en el mundo… quizás lo perdió…-

    Parto de la base que al igual que en la película nosotr@s también intentamos “luchar”, a nuestra manera, contra las injusticias sociales.

    En nuestro caso, con las personas en situación de sin hogar. Decimos “personas” porque partimos de: la individualidad, la dignidad, los derechos y deberes, la libertad, etc. Hablamos de “situación” porque entendemos que es un proceso dinámico. Y hablamos de hogar porque su connotación va mucho más allá de disponer de un simple techo, es multidimensional.

    Para intentar acompañar, actuar, incidir y provocar procesos de cambio positivos podemos utilizar diferentes metodologías. Creo que no siempre han de ser las mismas; dependerá de cada persona, de su momento y de sus objetivos reales de vida a corto, medio y largo plazo (los suyos). También del tiempo y espacio (sociedad/comunidad) en la que desarrolla su vida (contexto).

    Supongo que no hay una sola forma de “hacer” o “entender”, hemos de saber ser: Ernesto, Nelda, Hans, Ana o Mario en función de la persona, su situación, sus tiempos, su contexto y sobretodo nuestras limitaciones.

    Y si los resultados no son los que esperamos y no terminamos de encontrar “su o nuestro lugar en el mundo”, no nos preocupemos, sigámoslo intentando porque, a pesar de todo, siempre nos quedará “todo el tiempo del mundo”.

    Saludos.

  13. Creo que todos los que aquí nos hemos posicionado estamos más o menos de acuerdo.
    Quizás no es más que rizar el rizo, pero siento que no es que cuando falten los recursos sociales solo quedo yo como persona para facilitar procesos de cambio…
    No.
    No es que en el caso que fallen los recursos de atención social, en última instancia quedo yo mismo como recurso…
    A mi modo de ver, de comprender las situaciones y de comprender lo que me rodea, mi estar al lado va antes que el pensar en si tengo o no los recursos necesarios. Mi persona está ahí acompañando tanto si hay recursos como si no. Pero eso no es un “como mínimo, a las malas, siempre estaré yo ahí”.
    Si.
    Es un ligero matiz que pretende dejar muy claro que yo estoy ahí, pero incondicionalmente.
    Creo que esa es la diferencia entre lo urgente y lo importante. Sin desmerecer una cosa ni la otra. Los recursos, las necesidades,… configuran lo que sin duda es urgente. La relación, el vínculo, el crecimiento juntos como personas. Eso es lo importante y tiene que darse antes que lo urgente.

    Miquel Julià
    Arrels Fundació

  14. Retroenllaç: Des del carrer : "Paraules que omplen les meves pròpies raons"

  15. albert ha dit:

    Efestiviwonder…
    jo també he arribat a la conclusio de que “el techo y la comida es lo de menos”..

    salut

  16. Claudia Reig ha dit:

    Holaa!! estic buscant lemail de la Fransina Alsina, tinc el seu numero de telfn perque vaig quedar amb ella perque m’ajudés en el treball de recerca pero m’agradaria tenir el seu email per comunicar-me d’aquesta manera. Tot i així quan em diguin la nota ja la trucaré!!
    Adeu gent petons!!

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