¿Acompañar, para qué?

Son muchas las veces en que nos paramos a pensar en el sentido que tiene el acompañamiento. Sobretodo en aquellas situaciones de fuerte desarraigo en las que parece que la persona no desea cambiar en nada su modo de vida.

Entonces hablamos de tener esperanza. ¿Y tener esperanza no es esperar?

¿Estamos esperando a que cambie la situación de aquellas personas con las que nos relacionamos?

Si, pero parece que el tiempo pasa, y pasa…, sin llegar a moverse nada. ¿Qué es lo que estamos esperando?

¿Acaso lo que esperamos es que la persona pueda decidirse en el momento que quiera?

Si. Pretendemos que la persona cambie su situación, que mejore. Pero esperamos que sea ella misma la que decida.

Queremos creer, y creemos, en la libertad de la persona. Queremos creer, y creemos, en su capacidad de decisión, aunque su posible deterioro nos haga percibir que tiene casi todas sus capacidades perdidas.

No. La persona siempre tiene capacidades. Sabemos que tiene que ser la propia persona quien, con la ayuda que haga falta, empiece a avanzar con sus propios pasos para salir del abismo en el que se encuentra.

Pero a menudo nos encontramos con que, por mucho que sugerimos, la persona con la que tratamos no parece dar muestras de querer cambiar. Que por muchos “mañana sí que iré con vosotros” que oimos decirnos, muy pocas veces este mañana se convierte en un ahora.

Duele soportar el peso de su caida mientras creemos en el valor de su libertad de decisión… Y no dejamos de pensar en como podrían mejorar estas situaciones casi inhumanas en otras circunstancias en donde tuviera alguna de sus necesidades cubiertas. No dejamos de pensar en como podriamos haber mejorado algunas situaciones que ahora ya parecen haberse convertido en vidas del todo perdidas.

Si. Es cierto. Acompañamos la persona. Pero, poco a poco, nuestro acompañamiento es tambien el acompañamiento de una situación que no deja de deteriorarse. Con todo, decidimos seguir acercándonos.

Optamos por seguir acompañándote.
No sé para que, pero sé que estoy contigo, que estoy presente.
Y me doy cuenta, no sé cómo, que estando contigo, comprendo.
Que comprendo tu desidia, el miedo a una nueva frustración, tu mirada baja,…
Y me doy cuenta que, comprendiéndote, transformo.
Porque dejo de verte como un simple objeto de ayuda.
Porque al comprender las lágrimas de tu sufrimiento me reconozco a mi mismo como digno de estar a tu lado.
Porque estando a tu lado y comprendiéndote he sentido que solo puedo reconocer tu dignidad.

Y sin saber aun como, percibo que es el reconocimiento de esta dignidad lo que me permite transformar esta situación. Quizás es porqué en hacernos dignos mutuamente la persona se da cuenta que aun está a tiempo de cambiar su situación.

Acompañamos la persona sin esperar intencionadamente que cambie. Y, sin quererlo, esto es lo que permitirá cambiar la situación.

Miquel Julià

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Quant a todoeltiempodelmundo

Soy Miquel Julià. Dicen que soy educador, pero en realidad soy persona. Mi quehacer discurre entre otras personas, en la calle, en hospitales,... Personas que se han visto arrojadas a vivir una situación de sin hogar. Miembro de Arrels Fundació. Barcelona
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6 respostes a ¿Acompañar, para qué?

  1. ¿Acompañar para qué? Pues para estar a su lado, para que sepa que hay alguien cerca, tan simple como eso. Para que el acompañamiento nos lleve a la relación, sí, a la relación entre personas. Otra vez, tan simple.

    ¿Y por qué esto tan simple es tan importante, tan necesario, tan imprescindible? Pues porque estamos tratando con gente muy frágil que necesita todo el tiempo del mundo para que estemos a su lado. Para demostrarle que nos importa, que le respetamos, le sentimos…. A partir de aquí, con el tiempo, se puede llegar a crear una relación que puede facilitar a la persona la recuperación de la confianza, autoestima…. y todo aquello que ha ido perdiendo o ha ido dejando de creer durante el tiempo que ha estado o está en la calle.

    Este proceso de acompañamiento puede conllevar mucho tiempo. Y quizá des de fuera puede parecer que no se está haciendo nada o, todavía peor, se puede pensar que no vale la pena intervenir, que es perder el tiempo. Pues no, no es perder el tiempo, el estar y acompañar a alguien que no se pasa por el centro después de tantas y tantas veces que se le ha ofrecido, no es perder el tiempo el estar y acompañar a alguien que no acepta dormir en pensión optando seguir durmiendo en la calle, no es perder el tiempo el estar y acompañar a alguien que en principio nos rechaza. NO ES PERDER EL TIEMPO, porqué la persona ya está haciendo mucho aceptando una relación después de haberse sentido rechazado y abandonado por la sociedad en general.

    Anna Skoumal

  2. Jesús Ruiz ha dit:

    Y desde entonces soy porque tú eres.
    Y desde entonces eres, soy y somos.
    Y por amor seré, serás seremos.
    Pablo Neruda

    Felicidades por vuestro blog. Lo hacéis muy bien.

    Saludos

  3. JM ha dit:

    Apreciado Sr. Julià,

    El compañero, el que hace compañía, creo que no espera gran cosa, simplemente estar al lado de la persona querida, y ahí viene la grandeza de acompañar.
    Tampoco podemos olvidar que el hecho de acompañar es bidireccional, yo voy contigo, porque tú vas conmigo.
    Cuando uno va de excursión con un compañero, con un amigo, siempre está pendiente del otro, que no caiga, que no desfallezca, el fuerte esperará al débil, no hay prisa, ya llegaremos, y siempre encontraremos un sitio para guarecernos (la naturaleza es sabia, y el hombre también aunque a veces no lo parece). Ahí también es donde radica la esperanza de la que hablas; la esperanza, la más pequeña de las virtudes, pero sin la cual nada es posible, sin la cual nunca llegaríamos a destino (sea el que sea). Aunque de todas formas también nos habríamos de preguntar cual es nuestro destino, pero creo que esta es otra cuestión que ahora no vine a cuento.
    Esperanza en llegar; el como, el cuando, de que manera, creo que es lo menos importante. Pero al menos hemos de caminar juntos. Perderse sólo en una excursión, no es que sea grave, más bien es molesto y “cabreante”, pero cuando vas con alguien a tu lado, te puedo asegurar que te lo tomas de otra manera, que me he desvío 50 Km, pues bueno, ya volveremos, que sólo nos queda una mandarina para cenar los dos, pues la compartimos.
    Si sólo acompañamos para que el otro cambie y haga lo que yo quiero, algo está fallando. Cuando caminas al lado de alguna persona durante mucho tiempo, quizás con un destino predeterminado, cuantas veces no se ha cambiado el camino por conocer otros derroteros, otros paisajes, otros pueblos, e incluso el destino, y que importa eso mientras se camina juntos, que importa, si llegamos a buen puerto y JUNTOS.
    Últimamente en este blog se ha hablado largo y tendido sobre la muerte y la soledad, y creo que el acompañar va muy ligado a estas situaciones:
    Acompañar al moribundo, el que lo hace, seguro que es sin pedir nada a cambio, únicamente el poder estar junto al ser amado que necesita no estar solo en su encuentro con el barquero, el apoyo de un brazo que le ayude a subir a la barca de Creonte. Respecto a la soledad, aquel que sabe que tiene un compañero, aunque sea lejos, no se siente sólo.
    Y, finalmente, como decía Charles Peguy:
    “Cuando veo venir a mi mejor amigo, no me pregunto: ¿cómo le haré propaganda?.

    Saludos,

    JM

  4. En relación a lo que estamos comentando, considero oportuno formular otra pregunta en relación al acompañamiento:
    ¿acompañar hasta cuándo? Sí, hasta cuando. Y aquí surgen más interrogantes: ¿se tiene que temporalizar el acompañamiento? Es decir, una vez alcanzados unos objetivos o una mejora realmente palpable en la situación de la persona ¿tenemos que poner distancia, apartarnos o dejar de acompañar a la persona?

    Yo soy muy partidaria de la autonomía de las personas realzando sus propias capacidades. Y es que todo el mundo dispone de unas capacidades, simplemente, en algunos casos, será necesario descubrirlas. Potenciando las capacidades de uno mismo, la persona puede llegar a mejorar muchos aspectos de su propia vida y sus circunstancias personales.

    Y eso pasa, en el día a día. Yo lo he visto, lo he comprobado. Cabe resaltar que tal proceso conlleva tiempo. Pero poco a poco, a veces sin darnos cuenta, la persona avanza. Tal avance proporciona una agradable motivación a la persona y al profesional también. Y aquí es dónde surge el dilema, o más bien, el peligro. Obviaré el dilema ya que soy partidaria de seguir en el acompañamiento, por lo tanto, ni se me pasa por la cabeza cesar en mi acompañamiento, o tal como se diría en otros servicios, ni se me pasa por la cabeza cerrar el caso. Si que es verdad que nos podemos encontrar con casos en que ya se hayan alcanzado todos los objetivos planteados. ¿Pero y qué? ¿Acaso la persona ha dejado de existir? NO. Por lo tanto hay que seguir. Tenemos que seguir estando, acompañando, aunque las cosas vayan bien. No puede ser que la persona, en medio de su proceso de mejora, un día se nos dirija diciéndonos: ‘pero no me abandonéis eh’. Mensaje: aunque ahora estoy bien, os sigo necesitando. Quiero que continuéis estando a mi lado.

    Anna Skoumal

  5. María ha dit:

    Molt bé, Miquel, m’ha agradat especialment la primera part del que expliques. Moltes vegades vull transmetre el sentit de l’acompanyament de manera diguem didàctica i em costa. Però com que jo soc molt pragmàtica he de tenir jo mateixa els conceptes molt clars per poder transmetrel’s i el que expliqueu m’ajuda. També m’ha agradat molt el poema del Neruda que ha afegit en Jesús.

  6. Retroenllaç: ¿Qué es lo que puedo hacer yo? « Todo el tiempo del mundo

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