Sentir-se ningú

Socialment, a la part més fonda d’aquest procés, la situació ja ha deixat de ser un problema. No es veu o no es vol mirar.

La persona que es troba en una situació de sense llar no compta per ningú, ni per la comunitat ni per la societat.

S’ha consolidat un procés de desestructuració personal. De despersonalització.

Constatem la manca de voluntat política en l’oferta de mitjans preventius i mitjans assistencials per donar suport a un procés de millora de les persones que viuen una situació de sense llar. Manquen llocs on poder dormir, on poder menjar. Manquen professionals que acompanyin a fer aquest procés. Manca fins i tot cobertura sanitària, física i mental, per a aquestes persones que han perdut la capacitat d’autonomia.

Parlant sol, amb cartrons al voltant, amb un tetrabrik de vi?, monedes, papers bruts, sempre amb alguna bossa de plàstic que conté les restes d’una vida…

Podem pensar en el que ha fet aquesta persona al llarg d’un dia qualsevol. Què deu haver menjat? On deu haver dormit? Quines preocupacions té? Que pensa?

Quantes paraules deu haver canviat amb altres persones?

Ha parlat amb algú?

Amics?

Potser no sent la necessitat de parlar amb ningú. Qui sent la necessitat de parlar-te?

Ha arribat un moment en què

no m’importa menjar el que trobo per les papereres. Ningú em veu. No sóc.

El dolor del cos m’acompanya, però ja no sento res.

La policia ja no s’acosta com abans. Jo no faig mal a ningú. Tampoc ningú em fa mal.

No m’importa fer-me les necessitats a sobre.

Què és intimitat?

Ha arribat un moment en què no m’importa fer pudor als altres.

Tinc on dormir. Tinc on menjar. Tinc per vestir.

Ho tinc tot. Ja no em fa falta res. No tinc res.

Ja no m’importa sobreviure.

Els altres.

Els altres parlen i es mouen, es dirigeixen a algun lloc. Els altres passegen, o van amb presses. O riuen, o parlen amb un telèfon. Algú els espera…

Em veuen?

A mi ningú m’espera. Jo tampoc espero res.

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Quant a todoeltiempodelmundo

Soy Miquel Julià. Dicen que soy educador, pero en realidad soy persona. Mi quehacer discurre entre otras personas, en la calle, en hospitales,... Personas que se han visto arrojadas a vivir una situación de sin hogar. Miembro de Arrels Fundació. Barcelona
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Una resposta a Sentir-se ningú

  1. des de casa... ha dit:

    Buenas Miquel,

    Quiero regalarte once líneas de un libro, del libro “Yo soy el caballero de París”.

    “Yo soy el rey del mundo porque el mundo siempre está a mis pies. No me mire los mocasines sucios. Mire la tierra, el pavimento. Todo está debajo de mí. Arriba el cielo, del cual procedo y al cual iré para irle a pedir cuentas a los filisteos que han entrado por sorpresa.

    Es lógico que sea popular. Todo el mundo me conoce. Todo el mundo me mira. Yo soy la leyenda que camina, la tradición sagrada que recorre las calles. Yo no soy un hombre sino un dios… Un dios que persigue la paz entre los humanos y la guerra entre los guerreros… Los que me critican, me ofenden y hasta me desprecian, no saben ni sabrán nunca qué hay en el fondo de mi corazón. Esos fariseos ignoran la gloria inmensa, la emoción profunda que uno experimenta cuando dice: Yo soy el Caballero de París.”

    Cuando las leo y las releo me viene a la memoria otro “caballero catalán” cuyo sueño dorado era París. Él me permitió, durante apenas 3 años, acercarme a su vida, sus sueños, su realidad… Ni mejores ni peores, simplemente, diferentes.

    Se llamaba Carles y hoy tendría 36 años, era poli toxicómano y padecía una encefalopatía por VIH. Sufría esta enfermedad desde los 24 o 25 años y murió a los 34 años. Nunca quiso seguir tratamientos ni controles.

    Le conocía al poco de empezar a trabajar en el Centro era, “huraño”,” esquivo”, no se relacionaba con nadie, era trasgresor, manipulador y provocador. El mundo estaba contra él y esa era su lucha diaria, contra el mundo y contra si mismo.

    El resto de usuari@s desconfiaban de él, terminaron por estigmatizarlo: “el maricón”, “el loco”…

    No sé si empezamos hablando de música, de política, de arte o de lo mal que iba el mundo…, pero empezamos a quedar los martes (el día que venía a ducharse) para fumar un cigarrillo en el “despacho grande” (la calle).

    Poco a poco se fue abriendo, nos fuimos abriendo. Mi lado profesional me decía que tenía que ayudarle, que teníamos que iniciar algún proceso de cambio -joder!!!, soy un profesional y tengo que ser productivo-. Mi lado “persona” solo quería escuchar, estar, hacer que se sintiese necesario, “nuestros encuentros de los martes son necesarios para ti y para mi, tu me importas y me importa lo que te pasa, me importa tu sufrimiento”.
    No me extenderé, pero fueron muchas las vivencias, los sentimientos, las frustraciones, alegrías y desencantos compartidos con él, con su familia y con las voluntarias y voluntarios del Centro,”sus abuelas” le gustaba llamarlas.

    Poco a poco, los martes se fueron convirtiendo en miércoles, jueves, viernes, sábados… , o cuando él lo necesitaba, me gusta pensar que nuestro Centro, para Carles, era un espacio para el descanso: “el descanso del guerrero”.

    Cuando tenía problemas, se enfadaba con su familia, le pegaban, se escapaba del hospital, etc… Venía a nuestro Centro.

    –Esta puede ser la oportunidad de empezar a trabajar– decía mi lado profesional, pero el plan de trabajo duraba tanto como una china de hachís en sus manos: Nada.

    Él, simplemente, no quería. Estuvo ingresado en hospitales, comunidades terapéuticas, en seguimiento por SSAP, los SIS, etc. Y su familia siempre al pie del cañón”… pero nada. Tuvo todos los recursos a su alcance, no los aceptaba, no los mantenía y terminaba “quemando todos los barcos”.

    Decidí utilizar mi lado persona y convertirme en “oportunidad”, una oportunidad sin limitaciones, “para lo que tú quieras y yo pueda”.

    Decidió utilizarme como persona, para que estuviese a su lado, para que la escuchase, para compartir y discutir, para encuentros y desencuentros, para soñar, para convivir y para relacionarnos, pero sobretodo, para respetarnos.

    Lo que más me sorprendió es que cuando Carles entró en fase terminal y aparecía por el Centro o ingresaba en el hospital, la mayoría de usuarios cambió de actitud, me preguntaban y se interesaban por él, ya no era “el loco” o “el maricón”, era Carles y estaba enfermo.

    Murió y no pude estar a su lado, pero me queda el recuerdo y el consuelo de que pudimos dedicarnos “todo el tiempo del mundo”

    Saludos,

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