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Un día en Arrels

Hoy es uno de esos días que tengo los sentimientos a flor de piel. ¿y por qué? Pues por lo que he sentido, por lo que he vivido. Hoy puedo decir que el día me ha aportado muchos sentimientos que me llenan, me satisfacen, me acompañan…

Ver los comentarios y el movimiento que ha dado el post de la noche del recuento me hace feliz. Tantísima gente compartiendo la sensibilidad hacia nuestra gente… Queriendo hacer algo porqué esto cambie, para estar a su lado, para que se sientan acompañados… Me satisface.

Otra cosa que me ha alegrado el día: compartir un buen rato con la gente de la Llar Pere Barnés. Hoy me he pasado a la hora de comer. He comido en el segundo turno, es decir, con la gente que no reside en la Llar. ¡Y qué comida tan agradable! Me he sentado en la mesa con Miguel, Manuel, Antonio y Sabine, otra trabajadora de Arrels. Manuel todo el rato ha estado súper pendiente de toda la mesa, sirviendo, retirando los platos, preguntando quién quería repetir… ¡Qué majo estaba! Con Antonio hablaban de la guerra, nada, batallitas… Y yo escuchando con atención… Y mirando alrededor y sonriendo orgullosa para mis adentros. Qué acogedor es el comedor. Y miras al resto de comensales y ves a la gente cómoda, a gusto, charlando, comiendo tranquilamente… Realmente no es la imagen que tengo del comedor social en el que trabajaba. El comedor de la llar ofrece otro ingrediente: la calidez. Una calidez proporcionada por los voluntarios y los profesionales que en los distintos turnos se encargan de que no falte de nada. Estan pendientes de la gente, acogiéndolos a su llegada, atendiéndolos durante la comida, charlando con ellos… Se les transmite proximidad, un contacto familiar y esto lo encuentro genial.

Después de comer he subido a la habitación de Rubén. No se encuentra bien, está muy enfermo y prácticamente no sale de la habitación. Al principio estaba un poco malhumorado ( del todo comprensible) pero se le ha pasado. Hemos pasado un rato agradable, charlando, riéndonos, recordando… “no sabes cuánto te aprecio”, me ha dicho. Y yo a ti, Rubén, y yo a ti… Luego, un abrazo, compartiendo toda la ternura del mundo. “Hasta otro ratito Rubén, volveré pronto”.

Me disponía a marcharme de la Llar, pero antes, pequeña visita al piso de arriba: la sala común. Allí sí que hay vidilla siempre. Unos fumando en el espacio habilitado, otros cómodamente sentados en el sofá viendo la tele, otros echando una partida de dominó o parchís y por parte de todos: salutaciones alegres, invitaciones a quedarme un largo rato, sonrisas, bromas… Siempre que he subido a esta sala he pasado ratos muy agradables y me he sentido muy bien acogida por todos ellos. Y el bienestar que me produce todo esto que ellos me dan no tiene precio.

Y bueno, la guinda del pastel que ha culminado mi día ha sido la llegada de Josep y Antonio, compañeros de piso, con un gran detalle: me han traído fresas con nata y lionesas. Esta mañana he sido invitada por ellos a su piso. Hará unos pocos meses que conviven juntos junto con otra persona, Salvador. Hoy celebraban el santo de Josep, por adelantado, y por la mañana me han invitado a la velada con gran ilusión. Al final no he podido ir y les he llamado a su casa para disculparme y transmitirles mi pena por perderme tal velada. Pero que sorpresa tan agradable cuando me aparecen al final de la tarde con tal detallazo.

En fin, como os decía, ha sido un gran día.

Noche del lunes 17 de marzo

Anna Skoumal


13 comments 18 Marzo 2008

La nit del recompte

Com molts ja sabreu, aquesta matinada passada, s’ha dut a terme el recompte nocturn de persones que dormen al carrer a Barcelona.

Aquest projecte ja fa temps que es prepara. S’han mobilitzat  uns 700 voluntaris, que carregats d’il·lusió, entusiasme i sensibilitat han fet possible aquesta nit. S’hi han implicat moltes entitats que treballem amb gent sense llar, l’Ajuntament de Barcelona i la Fundació Un Sol Món.

Per a mi va ser  una nit molt especial. Veure tanta gent aplegada per fer possible aquest recompte em va omplir de felicitat. Hi havia voluntaris amb experiència, voluntaris que han tingut un primer contacte amb aquest col·lectiu aquesta nit passada… Però tots tenien en comú una cosa: la il·lusió.

Jo vaig arribar al Club Sant Jordi a quarts de set. I vaig veure com a poc a poc s’anava omplint el centre. La gent es va anar reunint amb els seus grups. S’acabaven de clarificar dubtes, informacions, s’intercanviaven impressions… Tothom tenia moltes ganes que aquest recompte sortís bé i realment crec que això s’ha aconseguit.

Crec que aquesta nit ha pogut servir per sensibilitzar la gent. Per possibilitar un primer contacte amb aquest col·lectiu per tots aquells qui no l’havien tingut amb anterioritat. Per reforçar l’entusiasme i la implicació de tots els qui estem al seu costat dia rere dia. Per transmetre’l, encomanar-lo, compartir-lo…  Realment crec que això també s’ha aconseguit.

Vaig tenir l’oportunitat de veure gent enormement entusiasmada. Tant abans del recompte com després.

Voluntaris, companys, amics…. Això ha sortit molt bé. Molt bé.

Miquel Julià: tots els teus companys d’Arrels admirem el teu entusiasme i la teva dedicació en l’organització d’aquest recompte.

MOLTES FELICITATS MIQUEL!

Anna Skoumal


12 comments 13 Marzo 2008

Sentir Arrels

¿Qué es Arrels? Gran pregunta y extensa respuesta.

Arrels es una fundación, una entidad, que trabaja, se dedica y está al lado de la gente en situación de sin hogar. Arrels tiene una esencia especial que dignifica la gran tarea conjunta que realizamos voluntarios y trabajadores; tiene un quehacer y un estilo propios, tal como señala nuestro ideario.

Yo pertenezco a Arrels desde marzo del año pasado. Cuando empecé ya conocía el colectivo con el que trabajamos ya que me dedicaba a él desde otro servicio. También conocía Arrels, pero tenía mucho que aprender, mucho. Poco a poco, entras y te sumerges en el quehacer y la manera de hacer de Arrels. Te empapas de su esencia a través del día a día, a partir de lo que te transmiten los compañeros y los voluntarios… Y es que en esta entidad hay gente muy veterana que hace muchos años que forma parte de ella y eso creo que es la clave que mantiene vivo el ideario. Es la clave para que tú, que acabas de entrar, puedas hacerte tuyo el ideario, te lo creas y lo sientas como propio.

En Arrels trabajamos desde la proximidad a la persona. Queremos ser próximos, estar y el objetivo principal es que la persona se sienta acompañada. Sí, tan sencillo como esto, que el otro sepa que estamos a su lado. Esto va a ser la clave para iniciar una relación o un vínculo con la persona. Y a partir de ahí se inicia un camino conjunto. El camino es conjunto, porqué nosotros acompañaremos en el proceso, pero el protagonista y quién decide es la persona. Poder seguir estos procesos produce y remueve un cúmulo de sentimientos. Somos tan próximos que acabamos queriendo a nuestros usuarios, a nuestra gente. Y ésta es la gracia de Arrels. La proximidad, día tras día, nos obsequia con esto. Para mí es magnífico, casi hablaría de lujo, por poder trabajar a partir de esta relación, a partir de tal proximidad. Es un compartir día a día, es sentir, es estar, es vivirlo.

A mí nuestra gente me aporta mucho, me transmite y me hace sentir. Para mi ellos son muy importantes y sé que nosotros, todo el equipo de Arrels, también lo somos para ellos. Y aquí reside la esencia y el espíritu de Arrels. Juntos formamos como una gran familia, que comparte los buenos y los malos momentos, que goza y aprende de la relación con el otro, que está al lado del otro, que acompaña, que está. Estamos nosotros y están ellos. Existimos. Somos Arrels.

Anna Skoumal


4 comments 4 Enero 2008

Acción Social transformadora?

Hace unos días, Enrique Richard agregaba un comentario a uno de los artículos del blog que a continuación repito aquí porque me parece de una temática más que interesante.

Decía así:

¿Sabes lo que más me indigna de todo esto? Que muchos de los que se dedican a la exclusión en los servicios sociales no se creen que el vivir dignamente sea un derecho como lo es la educación o la salud (ver, si no, la polémica del Bendito dedo). Y entonces, este derecho que, como tal, sería intocable, muchos servicios sociales lo utilizan como moneda de cambio. Como un regalo que yo, que tengo la sartén por el mango, lo utilizo para que tú te comportes como te has de comportar, porque, si no, te quito el regalo que te estoy haciendo. Y así los elementos que les dan y que les deberían servir para lograr su autonomía (sin prejuicios), se convierten para el excluido en la Espada de Damocles que en cualquier momento le puede devolver allí de donde salió. No se permite la equivocación o el uso incorrecto o el comportamiento altisonante.
Cualquier hijo de vecino tiene derecho a equivocarse y a ser bueno o a ser malo; pero, ¡claro!, el hijo del vecino se gana las habichuelas, el excluido, no. A los excluidos les damos las habichuelas como reclamo para que se integren; pero si no se integran tenemos todo el poder del mundo para quitárselas. ¿Eso es lo justo? ¿Es eso creer en el derecho a vivir dignamente si resulta que para ganar este derecho debe demostrar que se lo merece?
Yo no soy profesional, no sé cómo se ha de hacer, pero ¡nunca puede ser que nos erijamos en jueces de los derechos del otro! Si es así, nos equivocamos. Habrá que exigirle al profesional que busque otras alternativas y, ¿por qué no?, hacerle admitir que nadie es perfecto (ni tan siquiera nosotros), pero que los derechos no son moneda de cambio. Y el derecho a vivir dignamente -como el derecho a la vida-, mal que en ocasiones nos pese, lo tenemos tanto los buenos como los malos, el que es justo como el que no lo es, el que es honesto como el falso, el que es honrado como el que roba, el que utiliza bien sus recursos como el que los dilapida…
El hacer este derecho intocable seguro que hace más difícil la faena al profesional en su trabajo hacia la autonomía de la persona excluida, pero es entonces, que cobra todo su sentido “los setenta veces siete” y “el todo el tiempo del mundo” de Arrels.

En el fondo, de lo que hablaba Enrique no es más que del eterno dilema entre los derechos y los deberes: Todos contamos con unos derechos, pero también con unos deberes.

Con esa premisa tan sencilla avanzamos, sin más, en el camino de la acción social con las personas que en nuestro quehacer cotidiano vamos atendiendo.

- Puedes venir a comer a nuestro comedor…

- Te ofrecemos una cama y protección bajo techo…

- Que si ahora te tramito una renta mínima…

- Pero tu has de buscar trabajo…

- Tienes que dejar de beber,… que es malo para tu salud…

- Has de venir a las entrevistas pactadas…

- Tienes que…

Bien! Más o menos…

El quehacer que se desprende de las relaciones que mantenemos ha de permitir ese toma y daca sin el cual ninguno de nosotros podríamos crecer. Yo doy, pero también recibo! Tu recibes, pero tienes que dar!.

El niño también madura a base de pequeñas frustraciones que le empujan cada vez más a estar metido en el gran mundo. Si no haces los deberes no saldrás a jugar… Y al final, hace los deberes, con tal de jugar y con tal de seguir mereciendo ese cariño sin el cual no podría ir creciendo.

Y ahí, en ese dar y recibir, en esa paulatina adopción de compromisos y responsabilidades a cambio de merecer un lugar en el mundo es donde todos y cada uno de nosotros vamos creciendo hasta el final. Todos vamos haciéndonos mayores y cada uno en su camino.

Si. Ahí tiene sentido nuestro trabajo con las personas que atendemos. Las relaciones que mantenemos con los usuarios y usuarias de servicios, clientes, personas que aparecen,… y tantos otros nombres como queramos llamar a las personas que tenemos delante y que están inmersas en un proceso de exclusión.

¿Pero, que pasa con aquellas personas que parece que ya han decidido que no pueden ofrecer nada más de si mismas a cambio de continuar recibiendo servicios des de la atención social?

¿ Que ocurre con aquellos a los que la sociedad, y quizás hasta nosotros mismos, considera totalmente excluidos del sistema? Personas que pululan por la ciudad. Expulsados una y otra vez de todos los centros y servicios de atención social. Personas no aceptadas en ningún lugar: centros de día, comedores, pensiones, albergues,…

Parecen personas que ya no entran!

¿Podemos, desde nuestras limitaciones profesionales, dejar de pensar en situaciones y en personas alegando en que ya no podemos hacer nada más al respecto?

Desde el punto de vista de nuestros valores, moralmente, ¿ como acostumbramos a resolvernos este dilema?.

¿ Cuantas veces nos hemos parado a reflexionar cual es nuestra postura ante la situación de aquella persona sobre la cual el único planteamiento que se hace desde cualquier entidad es el de “no podemos hacer nada más por esta persona”?.

¿Cuantas veces nos hemos dicho que tenemos demasiado trabajo pendiente de hacer como para prestar atención a aquellas situaciones personales que, aunque pocas, son desbordantes por no saber ni lo que se puede hacer?

Algunos dirán que yo no puedo cambiar el mundo y que las cosas son así, concluyendo tranquilamente que no viene de un caso perdido.

Otros dejaran caer y caer la persona en el pozo de la exclusión mientras continúan agarrándose a la idea de que la persona tiene que dar pasos de cambio, sin los cuales no hay nada que hacer. Y se empecinan en pretender esa voluntad de cambio no existente a pesar que la situación de la persona va degradándose cada vez más. Es como un lavarse las manos. Si quiere, la persona ya sabe lo que tiene que hacer!.

Los más audaces esgrimen soluciones carcelarias, como mal menor, para aquellas personas que dentro de su exclusión han cometido delitos y faltas y se encuentran en un laberinto de causas judiciales tan largo como su vida misma. Es aquello de, al menos, ahí dentro tendrá techo y comida. La cárcel!! Hay quién propone la cárcel, en determinados casos, como única atención social posible!!!!

Me dijeron que los recursos de atención social son limitados y que, como que dentro del sistema tengo que contar tan solo con lo que tengo al alcance, no puedo hacer nada por cambiar la situación de esa persona. Más vale el carpetazo al expediente y ocupar el tiempo en tantas otras situaciones y casos en los que si parece que se puede obtener algún rendimiento.

En definitiva, el dilema queda planteado en si pensamos y actuamos convencidos de que las personas continúan teniendo derechos aun constatando que ya no cumplen ninguno de los deberes. En estos casos, ¿se siguen mereciendo los derechos, o ya no?

No lo sé.

Pero entonces me planteo quién soy yo mismo.

Yo no puedo cambiar el mundo!… se me ha dicho…

Pero veo que si lo comprendo. Si que intento empatizar con algunas personas incapaz de saber que pasos hubiera dado yo de encontrarme en su contexto vital. Me acerco y estoy… Me acerco y escucho… Comprendo y me apercibo de situaciones vitales muy diferentes: La mía y la de esta persona… Y con el paso del tiempo constato que esa sensación de vida diferente, se va transformando en sensación y en deseos de justicia social.

Quién soy yo?… Educatriz?… Asistente?…

Pues claro que puedo cambiar el mundo!! Es entender que el hecho de acompañar y atender las cosas pequeñas que rodean mi parcela de vida es la acción social que puedo y debo hacer. Y yo estoy aquí con mis valores, con mis respetos para las cosas y con mi persona. Porque si! Porque yo, con mi persona, también soy un recurso más para aquel que se acerca demandando unos servicios.

Hay quién al salir o entrar a casa para ir al trabajo se pone el disfraz de educador, como el que se pone el mono de mecánico al llegar al taller o como la doctora que cuelga la bata al abandonar la consulta.

Se deja caer la persona en su pozo de exclusión esperando a que ofrezca signos de cambiar antes de seguir prestando los servicios que nosotros mismos le hemos quitado por no cumplir con los pactos que, también nosotros mismos, nos hemos empeñado en establecer.

No entiendo!!

La cercanía del acompañar me impide argumentar que alguien pierde su derecho a vivir con dignidad. A vivir como persona!!

- Felipe tiene que dejar de beber. Y punto!

- Vamos a ver: Pero si lleva cuarenta años bebiendo!!

- Si, pero beber es malo. Punto!

- Y dale…

Estábamos Jose y yo, sentados, ahí abajo. Se quejaba de que está en la calle, siendo él uno de los más antiguos en nuestro centro, y que nosotros no hacemos nada por remediarlo. El quería contármelo. Lo habían echado de la pensión porque, al parecer, el portero de la pensión es la persona más peor de todo el mundo. Lo cierto es que Jose ya lo ha quemado todo: Ha quemado todas las pensiones y todos los albergues. Ha quemado centros y comedores sociales. Con sus 66 años ha quemado hasta su familia…

Jose insistía implacablemente en su inocencia. El no tenía la culpa…

- Que no, Jose…que yo no te hablo de culpables…

No sé por qué, Jose, no sé que tiene,… pero se hace profundamente entrañable estar a su lado.

- Jose,- le decía yo- el problema es la horchata que te metes en el cuerpo…

- Pero que horchata ni que hostias?, si a mi no me gusta la horchata!…- responde el, ronco de voz, perplejo y con los ojos aun embebidos por la horchata.

- Si hombre! Cuando bebes, vas que ni te aclaras. Hay quien tiene buena bebida, y hay quién no… ¿Cuantas veces has dejado de beber, Jose?.

- Muchas…!!

- ¿Lo ves?

Esa tarde rondaba también por ahí abajo Luis, que acaba de venir de recorrer media España, de albergue en albergue. Jose y Luis se conocen desde hace muchos años, de compartir las calles de Barcelona.

- Eh, tu! dame un cigarro… - le espeta Jose invitándolo a entrar en la charla.

Luis que se acerca, contento de estar en el centro, haciendo chasquear los dedos de las manos, como queriendo dejar claro que el es el más callejero de todos.

- Pero si estás fumando!- responde Luis.

- Dame un cigarro rubio, cabrón! - repite Jose mientras lanza al suelo, asqueado, el ducados que le acabo de ofrecer.

- No tengo más! - contesta Luis zanjando el asunto.

Pero Jose ya ríe. Jose, que acaba de perder todas sus pertenencias y posesiones privadas (ese medio ducados que le quedaba) vuelve a reir. Y con su risa nos contagia a Luis y a mi.

- Ya ves, Luis! Jose está en la calle…- le comento.

- Y yo que te crees?… - se devuelve Luis, casi divertido, para pasar a relatar a continuación el último farol, según el cual, en el cajero donde dormía en Murcia un hombre le lanzó al suelo un fajo con 140€.

Luis se ríe. Y Jose y yo también.

- ¿Cuanto tiempo hace que venís por Arrels, Luis? -le pregunto.

- Eh! que nosotros inauguramos esto!! -contesta Luis, ahora seriamente.

Si. Luis y Jose fueron de los primeros en acudir a nuestro centro. De eso ahora debe hacer quince o veinte años…

Cuando llegaron lo hicieron sin nada a cuestas. Dormían en la calle. Ahora continúan durmiendo en la calle, y lo único que tienen de más son veinte años.

Pero, como os aprecio!!, Jose, Luis!… como os aprecio!. Como valoro vuestro agarrarse a la vida!. Sobrevivientes!.

Se me empaña un nublo de tristeza… Jose ya contaba los pocos años que le debían quedar de vida.

Y yo? Que es lo que tengo que exigiros? Que es lo que os debo pedir a cambio de?…

Sabéis, Jose, Luis? Estoy aquí con vosotros. Compartiendo todo el tiempo del mundo que sea necesario. Y estoy aquí con vosotros comprendiendo que habéis venido a buscar aquello que es lo más importante.

Habéis venido a buscar ese aun esperado cariño del niño que, sin hacer los deberes, se ha quedado sin salir a jugar.

Habéis venido buscando eso mismo que yo he encontrado. El compartir con la relación. La sensación del estar con.

¿Como voy a pediros, exigiros, que mostréis voluntad de cambio para que podáis obtener techo y comida?

Al fin y al cabo, a medida que avanza el tiempo de la relación y la cercanía me apercibo que el techo y la comida es lo de menos.

Lo entiendo. Lo comprendo… Lo siento así!.

Ese pedir vuestro no puede formar parte del intercambio, del toma y daca interminable…

Yo ya no os voy a recordar más que no hicisteis los deberes en su momento. Y en esa profunda comprensión de vuestra situación soy yo el que me siento dignificado.

Claro que puedo cambiar el mundo! Comprendiéndolo ya lo estoy transformando.

No… Jose…, Luis!

Vosotros no os tenéis que ganar un lugar en el mundo a cambio de nada. Vuestra biografía es ya presente. Junto conmigo. Y no es ya que mis obligaciones sean de defender vuestros derechos o de exigiros contraprestaciones. Es, casi como dándole la vuelta a la situación, mi derecho a seguir sintiéndome cercano a vosotros. Mi derecho a comprender, crecer y madurar con vuestra situación dignificada en justicia. Mi derecho a cambiarme a mi mismo y, al mismo tiempo, transformar el mundo que me rodea. Como persona.

Miquel Julià

Noviembre ‘07

Arrels Fundació


14 comments 24 Diciembre 2007

¿Acompañar, para qué?

Son muchas las veces en que nos paramos a pensar en el sentido que tiene el acompañamiento. Sobretodo en aquellas situaciones de fuerte desarraigo en las que parece que la persona no desea cambiar en nada su modo de vida.

Entonces hablamos de tener esperanza. ¿Y tener esperanza no es esperar?

¿Estamos esperando a que cambie la situación de aquellas personas con las que nos relacionamos?

Si, pero parece que el tiempo pasa, y pasa…, sin llegar a moverse nada. ¿Qué es lo que estamos esperando?

¿Acaso lo que esperamos es que la persona pueda decidirse en el momento que quiera?

Si. Pretendemos que la persona cambie su situación, que mejore. Pero esperamos que sea ella misma la que decida.

Queremos creer, y creemos, en la libertad de la persona. Queremos creer, y creemos, en su capacidad de decisión, aunque su posible deterioro nos haga percibir que tiene casi todas sus capacidades perdidas.

No. La persona siempre tiene capacidades. Sabemos que tiene que ser la propia persona quien, con la ayuda que haga falta, empiece a avanzar con sus propios pasos para salir del abismo en el que se encuentra.

Pero a menudo nos encontramos con que, por mucho que sugerimos, la persona con la que tratamos no parece dar muestras de querer cambiar. Que por muchos “mañana sí que iré con vosotros” que oimos decirnos, muy pocas veces este mañana se convierte en un ahora.

Duele soportar el peso de su caida mientras creemos en el valor de su libertad de decisión… Y no dejamos de pensar en como podrían mejorar estas situaciones casi inhumanas en otras circunstancias en donde tuviera alguna de sus necesidades cubiertas. No dejamos de pensar en como podriamos haber mejorado algunas situaciones que ahora ya parecen haberse convertido en vidas del todo perdidas.

Si. Es cierto. Acompañamos la persona. Pero, poco a poco, nuestro acompañamiento es tambien el acompañamiento de una situación que no deja de deteriorarse. Con todo, decidimos seguir acercándonos.

Optamos por seguir acompañándote.
No sé para que, pero sé que estoy contigo, que estoy presente.
Y me doy cuenta, no sé cómo, que estando contigo, comprendo.
Que comprendo tu desidia, el miedo a una nueva frustración, tu mirada baja,…
Y me doy cuenta que, comprendiéndote, transformo.
Porque dejo de verte como un simple objeto de ayuda.
Porque al comprender las lágrimas de tu sufrimiento me reconozco a mi mismo como digno de estar a tu lado.
Porque estando a tu lado y comprendiéndote he sentido que solo puedo reconocer tu dignidad.

Y sin saber aun como, percibo que es el reconocimiento de esta dignidad lo que me permite transformar esta situación. Quizás es porqué en hacernos dignos mutuamente la persona se da cuenta que aun está a tiempo de cambiar su situación.

Acompañamos la persona sin esperar intencionadamente que cambie. Y, sin quererlo, esto es lo que permitirá cambiar la situación.

Miquel Julià


6 comments 12 Diciembre 2007

¿Pero por qué rechazan nuestra ayuda?

“De Jueves Santo a Pascua. Crónica de un sepelio”

Lo escribí a la vuelta de unas vacaciones de Semana Santa. En esos momentos me llenaba la rabia y la impotencia de no haber podido ni estar ni hacer nada ante la muerte de una persona apreciada. Recuerdo que lo escribí con dolor y con furia interna.

Ahora, con el paso del tiempo, aun rememorando esos instantes, puedo ofrecer también otras explicaciones.

A Blanca, una lectora del blog de Olga se le hace difícil entender que durante años Diego rechazara las ayudas que podiamos ofrecerle…y se pregunta por cuál puede ser la razón ¿miedo al compromiso?

Blanca nos pregunta si creemos que una vez se sale de esta sociedad, la nuestra, con tantas normas, y a pesar de pasarlo muy mal, da miedo volver a ella.

No se ciertamente. Pero intuyo que las personas que llevan un largo tiempo en la calle intentan evitar una nueva frustración. Con el tiempo, el compromiso para volver a ser alguien supone realizar un gran esfuerzo.

Uno se acostumbra a estar ahí, sin hacer nada. Uno se hace la idea de que ya no cuenta para nada ni para nadie. Ningunearse a si mismo! Es el no sentir. Es el miedo de volver a sentir precisamente en el momento que uno empieza a salir del pozo.

Y para eso estamos nosotros. Para acompañar en ese proceso de volver a sentirse persona. Nuestra ayuda va en ese sentido. No se trata tanto de conseguir que las personas cambien su modo de vida sinó de que puedan cambiarlo en el momento que esten dispuestas a hacerlo.

Diego se sentia querido. Mientras estubo en el hospital se apuntaba en un cuadernillo el nombre de los amigos que lo habían visitado y algo de lo que había contado cada uno.

Estubo muchos años en la calle sin que diera muestras de querer cambiar. Pero el rechazo a la ayuda, muchas veces ofrecida, nunca fué motivo por nuestra parte para dejar de estar a su lado.

Eso fué precisamente lo que le permitió cambiar. Nuestra confianza en su persona hizo que el mismo empezara a recobrar dignidad. Diego se agarró a nosotros cuando ya se encontraba mal, peró también cuando el mismo empezó a quererse un poco más.

Miquel Julià


2 comments 5 Septiembre 2007

Integración o convivencia?

Cuando hablamos de integración nos referimos a la idea que hay un grupo, más o menos cerrado, dentro del cual hay que integrarse y otras personas que estan al margen del grupo, susceptibles de añadirse o incorporarse a éste. De manera que si no hubiera personas fuera de este grupo y no integradas no podriamos hablar de necesidad de integración.

Por ello, nuestra opción habla más de convivencia que de integración.  La idea de convivencia nos sugiere mezcla, intercambio, respeto por lo diferente,… Supone la aceptación de las personas tal y como són y en la situación en que se encuentren.

Convivencia quiere decir compartir. El espacio… el tiempo. ..Desde el momento que, en algun modo y lugar, nos hacemos partícipes de esta convivencia se nos desdibuja la idea que hay igualdad entre las personas. Es solo desde la cercanía cuando nos damos cuenta que la igualdad entre las personas es una quimera no alcanzada. Es solo desde la cercanía cuando podemos sentir que hay situaciones personales que no són justas.

De esta forma, no hablamos de una integración que nace de la solidaridad, como si quisieramos hacer nuestro también lo ajeno,  sinó que hablamos y participamos de una convivencia que nos dignifica a totdos como personas y que con el tiempo se transforma en voluntad de justicia.


Add comment 19 Julio 2007

La clave de la relación

Si siempre hemos de pensar en rentabilizar nuestros esfuerzos en términos de eficacia, entonces siempre habrá alguien que merezca más que otro nuestra atención. Lo autentico de la relación es cuando alguien nos dice no querer nada: Entonces es precisamente cuando podemos iniciar una relaciónde igual a igual. Sin dar nada a cambio de nada: Solamente entregarnos como persona.

Miquel Julià

Enero 2005


1 comment 16 Julio 2007

EL NOM NO FA LA COSA??

Des de que alguns dels animals som, a més, persones, s’esdevé la necessitat d’expressar-nos i de relacionar-nos mitjançant el llenguatge. Necessitem parlar-nos i saber del què parlem, saber a què ens referim quan parlem.

En el món que envolta a Arrels també tenim necessitat de definir algunes coses. I una de les coses que sempre ens ha costat més de definir és la paraula amb la que hem d’anomenar les persones la situació de les quals és objecte d’atenció per part de la nostra entitat.

Que si pobres, que si indigents, que si sense sostre, o sense llar…

Tant se val. Potser la denominació és una qüestió de moda passatgera i ara s’usa aquella expressió que abans potser resultava malsonant. O a la inversa.

EL SUBSTANTIU

La qüestió és que se’ns fa imprescindible trobar una paraula amb la que, ràpidament, poder definir el col·lectiu de persones amb les que treballem. Necessitem trobar paraules amb les que els altres ens puguin entendre quan parlem de les persones a les quals ens referim.

Si juguem a destriar paraules, ens adonem que hi ha vocables molt malsonants. Fins i tot que fereixen la dignitat de la persona a la qual es vol definir: “Vagabund/a” (que es pot utilitzar tant com a substantiu com a adjectiu i que es defineix com a (persona) que no té ni casa ni treball i va d’un lloc a un altre.

“Indigent” també és una paraula que es pot usar com a nom o com a adjectiu.

Podem parlar dels “sense llar”, però no deixa de ser també un grup de paraules substantivades, és a dir, que s’usen com a substitució d’un nom (P. Ex: Els sense llar venen cada tarda al centre).

De fet, sempre que intentem utilitzar un substantiu per a denominar un col·lectiu, acabarem prostituint el col·lectiu per que l’encasellarem, el farem encara més tancat del que ho era. Si diem “els indigents no tenen on aixoplugar-se”, ens referim a un mon, o més ben dit a una cosmovisió, en la qual hi ha els indigents i hi ha els no indigents.

Fa com lleig ficar-los ja, d’entrada, dins d’un grup en el qual els altres no hi formem part.

Potser per a algú pot no semblar malsonant la utilització d’un terme substantiu per a definir un col·lectiu, la característica comú del qual és quelcom desagradable per a la majoria. Així quan diem “els pobres” estem definint un col·lectiu, la característica comú del qual és la pobresa.

Pensant en aquesta idea vaig pensar en la famosa dita que “El nom no fa la cosa”. I podem veure que si, que el nom, el vocable que emprem per a la definició si que provoca unes determinades connotacions en si mateix.

Joan Josep Isern, articulista de Vilaweb parla d’aquesta mateixa idea en un article publicat al seu blog:

“Una de les primeres coses que explico als meus alumnes és que el llenguatge MAI és innocent. Que si en parlar o escriure triem un to, un accent, un registre, una figura retòrica o un recurs expressiu determinats és perquè són justament els que creiem que ens convenen per transmetre al més exactament possible allò que volem fer arribar a qui ens escolta.

El llenguatge no és innocent. Triem intencionadament perquè parlem intencionadament.

El nom fa la cosa, sense cap mena de dubte. Perquè darrere de cada mot que pronunciem hi ha idees i conceptes particulars, parcials i partidistes nostres que volem no només compartir sinó, si pot ser, inocular en el subconscient de l’altre.

En fi… que el llenguatge no és innocent i que el nom la fa sempre, la cosa. Sempre.”

L’ADJECTIU

En el llenguatge que emprem, podem decidir no utilitzar com a substantius vocables definitoris del col·lectiu del que parlem i fer servir aquests mateixos vocables com a adjectius. És a dir, si en comptes de dir “els sense sostre poden dutxar-se” fem servir “les persones sense sostre poden dutxar-se” estem donant a entendre, en primer lloc, que el primer col·lectiu al que pertanyen és el de les persones, del qual hi participem tots però, a més, també especifiquem o definim, que ens referim a aquelles persones que no tenen sostre, i no a la resta de persones.

Si ens fixem bé en la utilització del llenguatge, podem veure aquí també com prostitueix al col·lectiu del qual volem parlar:

Podem dir: “Les persones altes arriben abans”. Aquí el vocable “altes” és una qualitat que defineix un col·lectiu de persones. I està bé que el defineixi per que la qualitat d’alçada forma part de l’essència de les persones d’aquest grup. Si jo dic “en Pere sense por”, el “sense por” qualifica i, al mateix temps, també defineix a en Pere. L’alçada forma part de l’ésser d’En Pere. És correcte.

De la mateixa manera, quan diem “les persones sense llar pateixen molt” l’adjectiu “sense llar” qualifica la situació. Però hem de tenir en compte que el terme “sense llar” també defineix el col·lectiu persona”. I això no deixa de ser el mateix que utilitzar el terme “sense llar” com a substantiu. En Pere és alt, sense por, espavilat, guapot,….i altres coses que defineixen en Pere…. però mai “sense llar”, per què el “sense llar” es refereix a la situació i no al mateix Pere.

Què fem???

Com poder donar-nos a entendre quan parlem de les persones a les que ens referim?

En primer lloc, plantegem-nos la necessitat que tenim de definir el col·lectiu. Quina necessitat tenim de que la persona amb la que enraonem comprengui ràpidament la tipologia (tipologia??) de persones a la qual ens referim?

“Els sense llar pateixen una gran injustícia”. Sembla com si ja estem descansats un cop acabada la frase, sense adonar-nos de tot el que el nostre llenguatge ha dit sense voler dir-ho.

No. L’objecte de la nostra entitat és l’acompanyament. Carreguem la nostra feina de relació, de fer costat, de dignitats que es van recuperant mica en mica. Parlem sempre de processos. I de processos que són lents en el temps, acompassats amb els ritmes personals de cadascú. Amb el temps que faci falta. Això ho tenim clar. Són processos que requereixen temps!!

I, en canvi, no tenim temps per a definir la situació de les persones amb les que ens relacionem sense haver de passar per a caracteritzar-les?

I és clar que no!!

Parlant, hem de procurar utilitzar el temps que calgui per a definir amb cura la situació d’aquestes persones. Potser podem explicar que, a l’igual que el nostre quefer diari, el nostre llenguatge també s’adequa al respecte i comprensió de les situacions personals.

L’ADVERBI I LA FRASE SUBJUNTIVA

He arribat a la conclusió que qualsevol intent de definir el col·lectiu és pejoratiu per la mateixa definició.

Però continuem tenint la necessitat de fer saber als altres a qui ens referim.

La meva proposta va encaminada a utilitzar vocables definitoris de la situació el més apartats possible del substantiu. I entenent que l’únic substantiu possible ha de ser el terme de “persona”.

Així, quan diem “les persones que estan en una situació de sense llar…”, evidentment que la frase “que estan en una situació de sense llar” fa les funcions d’adjectiu qualificatiu però, en qualsevol cas, prou distanciada del nom “persona” com per a que el pugui substituir. En el cas de “les persones sense llar” és fàcil arribar a substituir el nom “persona” per l’adjectiu “sense llar” arribant a dir “els sense llar…”. En canvi, el vocable “persona” no és substituïble per la frase adverbial o subjuntiva “que estan en una situació de sense llar” de forma que diguéssim “els que estan en una situació de sense llar…”. No. Amb aquesta frase tan llarga no ens ve d’aquí per a colar el terme “persona”, que és l’important.

“Les persones que estan en una situació de sense llar…..” I podem continuar amb el que vulguem.

És una frase enrevessada, llarga, complicada. Però si aconseguim que, dient-la, algú es fixi durant sols un moment en la càrrega intencional que arrossega, haurem aconseguit explicar una mica part de la tasca a la que ens dediquem nosaltres, moltes vegades, una tasca d’artesania.

Miquel Julià

Març del 2007

P.D: Fa algun temps que sempre utilitzo l’expressió “les persones en situació de sense llar” i comprovo que, a mesura que l’utilitzo, m’és més fàcil utilitzar-la i dir-la de “carrerilla”, sempre pensant en l’efecte que pot produir a l’altre una frase tan complicada. I és que el llenguatge és complicat. Tan complicat com les mateixes persones.


Add comment 19 Junio 2007

El poema

Montse Arroyo, d’Arrels, ens fa arribar la següent poesia. Rellegint-la, podem sentir que “acollir una vida tancada” no és altra cosa que el que volem fer, dia a dia, amb les persones que ens anem trobant pel camí. Val la pena!!

ACOGER UNA VIDA CERRADA Benjamín González Buelta

En el camino, tierra pisada,
> encontré una semilla rara,
> acerada cáscara brillante,
> cerrada sobre sí misma,
> hermética defensa,
> seguro el gesto,
> certera la palabra, todas sus costuras bien selladas.
>
> Para saber quién era
> y hace vida su secreto estéril,
> abandoné la curiosidad del niño
> que revienta su juguete,
> o la del sabio bisturí que disecciona
> y aprende de la muerte,
> o la pregunta experta
> calculada como un lazo
> que atrapa el paso confiado.
>
> La enterré en el mejor rincón
> de mi jardín sin alambradas,
> la dejé abrazada
> por el misterio de la tierra,
> del cariño del sol alegre,
> y del respeto de la noche.
>
> Y brotó su identidad más escondida.
> verdes hojas primero, temblorosas,
> asomándose al borde de la tierra
> recién resquebrajada.
> Pero al fin se afianzó de vida esperanzada.
>
> Al verla toda ella,
> renacida al pleno sol,
> con su melena de hojas
> a todos los vientos despegada,
> supimos al fin quién era
> todo su secreto vivo, suyo y libre.


1 comment 14 Junio 2007

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Miquel Julià & Anna Skoumal

Soy Miquel. Dicen que soy educador, pero en realidad soy persona. Mi quehacer discurre entre otras personas, en la calle, en hospitales,... Personas que se han visto arrojadas a vivir una situación de sin hogar. Em dic Anna. Sóc treballadora social i juntament amb en Miquel formem part de la gran família d'Arrels. Acompanyem i oferim espais on la persona pugui trobar el somriure que el dignifica i la mirada que el fa sentir persona.

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