Archive for Abril 2008

¿Qué es lo que puedo hacer yo?

Hace unos días, como comentario a uno de los artículos publicados en este blog, Rosa se preguntaba que es lo que podía hacer ella para mejorar la situación de Ignacio, una persona que vive en la calle y con la cual se cruza a menudo.

¿ Como es posible que nos quedemos todos de brazos cruzados contemplando la escena, sin hacer absolutamente nada?.

Alguien tendría que hacer algo!

¿Como es posible que la familia se desentienda?

Pues si!. Muchas veces la familia se desentiende…

Juan murió ará ahora unos 8 años. Estuvimos atendiéndolo desde hacía 11 años y solo cuando murió nos dimos cuenta que durante todo ese tiempo nos tuvo engañados. El era sevillano y siempre nos había dicho que su familia estaba en Sevilla, con la cual hacia mucho tiempo que no mantenía ningún tipo de relación.

Juan era encantador. Era agradable sentarse a su lado, alguna que otra tarde en el centro abierto, y dejarse contagiar por sus historias maravillosas de aventuras y de experiencias vividas.

Entrañable! Siempre con alguien a su lado, dispuesto a compartir. Juan nunca quiso hablar de su familia. El no tenía familia nos decía para zanjar el asunto cuando alguno de nosotros irrumpía en esa faceta de su vida. Y nosotros, siempre respetuosos con sus decisiones. Si el decía que no tenía familia, para nosotros era su palabra. Ante todo, el respeto hacia su propia voluntad.

Con todo eso, solo cuando falleció Juan y, despues de indagar el paradero de su familia para comunicar la noticia y que pudieran asistir al entierro, nos dimos cuenta que en la vida de Juan habían existido dos realidades paralelas.

Una era la que el mismo nos mostraba: encantador, charlatan, agradable en el trato para compartir una tarde hablando con el.

Otra realidad era la que había vivido su familia durante los años en que Juan estuvo con ellos: el había abandonado a la mujer y a los hijos, cuando aun eran pequeños, después de mucho tiempo de borracheras, palizas y maltratos. Recuerdo a su hijo mayor llorando, aun estando su padre de cuerpo presente, mientras se preguntaba por que su padre tuvo que comportarse con ellos de esa manera.

- Nosotros conocimos otro Juan, su parte buena.- Fueron nuestras palabras de comprensión, consuelo y de profundo respeto hacia las situaciones que esa madre e hijos habían vivido con Juan.

¿Como es posible que la familia se desentienda?

No lo sé! Pero intuyo que esa rotura debió ser lenta y no sin pocas complicaciones.

Sin juzgar!. No hay culpables, aunque si responsabilidad de uno mismo hacia su pasado, presente y futuro.

Nunca pretendimos cambiar ese pasado de Juan, ni tampoco su futuro. Eso era cosa de el mismo. Siempre a su lado, acompañándolo…

Esta situación es la que casi siempre se repite, una y otra vez, con muchas de las personas que nos encontramos por la calle y que, a simple vista, nos damos cuenta que estan sufriendo una situación de desamparo.

¿ Y que es lo que puedo hacer yo?

Me permito aconsejar la lectura de dos artículos ya publicados en nuestro blog:

 ¿Acompañar, para qué?

y

Sentirse alguien para alguien

¿Que es lo que puedo hacer yo? Es una pregunta que muchas veces denota angustia, impotencia ante una situación que vemos que va a peor. Que alguien haga algo!

Que debo hacer yo?

Yo me respondo que, en primer lugar, es la persona la que tiene que empezar a cambiar la situación. O no… Eso, si creemos en las capacidades que toda persona guarda consigo, aun en esas situaciones en donde parece que la persona ya no puede decidir por si misma. Es la misma persona la que en todo caso puede hacer algo.

Es difícil dar ese paso. Solo se podrá dar cuando la persona confie en si misma. Cuando la persona vuelva a confiar en si misma, a partir de una relación de confianza con aquellos que, incondicionalmente, permanecen a su lado.

Por eso yo estoy ahí, acompañando ese proceso que, a veces, puede ser doloroso, de impotencia. Porque al saber que es la persona la que debe dar el paso, mi deber consiste en solo estar ahí. Quizás para recorrer juntos ese proceso, para motivar, para ofrecer seguridad. Pero los pasos a seguir siempre seran los propios de la persona.

Personas enfermas.

Enfermas de no ser nadie para nadie. Enfermas de haber perdido toda confianza, en los demás y en si mismo.

Es esa voluntad de  vínculo todo mi deber: como profesional, como ciudadano, y como persona.

Porque es la relación con los demás lo que permitirá recobrar la dignidad perdida. Es la relación lo que le hará sentirse alguien para alguien. Es ahí donde tiene sentido el “¿acompañar, para qué?”.

Y sin saber aun como, percibo que es el reconocimiento de esta dignidad lo que me permite transformar esta situación. Quizás es porqué en hacernos dignos mutuamente la persona se da cuenta que aun está a tiempo de cambiar su situación.

Optamos por seguir acompañándote.
No sé para que, pero sé que estoy contigo, que estoy presente.
Y me doy cuenta, no sé cómo, que estando contigo, comprendo.
Que comprendo tu desidia, el miedo a una nueva frustración, tu mirada baja,…
Y me doy cuenta que, comprendiéndote, transformo.
Porque dejo de verte como un simple objeto de ayuda.
Porque al comprender las lágrimas de tu sufrimiento me reconozco a mi mismo como digno de estar a tu lado.
Porque estando a tu lado y comprendiéndote he sentido que solo puedo reconocer tu dignidad.

 

 

Acompañamos la persona sin esperar intencionadamente que cambie. Y, sin quererlo, esto es lo que permitirá cambiar la situación.

 

Miquel Julià

Abril 2008 


12 comments 14 Abril 2008

Un adéu

La notícia m’ha colpit de manera brusca. No m’ho esperava. O més ben dit, no m’ho esperava així.

No he pogut dir-li adéu com hauria volgut.

No he pogut acompanyar-lo fins l’últim moment.

Perquè jo no era a prop quan ell va marxar.

Ara, que sé que ja no hi és, recordo els últims moments que vaig passar al seu costat. Va ser just el dia abans que jo marxés de viatge. Vam compartir una estona agradable, embolcallada d’afecte i calidesa. I quan ens vam acomiadar li vaig dir que tornaria a veure’l quan tornés del viatge.

Ahir vaig tornar a l’hospital. Havia tornat la nit anterior del viatge i tenia ganes de veure’l i compartir amb ell l’experiència viscuda. Però ja no l’hi vaig trobar. Havia mort aquest dilluns passat.

Quan ho vaig saber van aflorar en mi un cúmul de sentiments: tristesa, impotència, ràbia, dolor… Feia temps que tots sabíem que aquest moment s’acostava però jo no tenia previst que passés quan jo no hi fos. Ara lamento no haver pogut assistir a l’enterrament per dir-li un últim adéu.

Te has hecho querer, Manuel

Sé que todos guardaremos un gran recuerdo de ti

Te echaremos de menos

No sé lo que has soñado

en la noche pasada;

triste, muy triste debió ser el sueño

pues despierto la angustia me duraba.

Noté, al incorporarme,

húmeda la almohada,

y por primera vez sentí, al notarlo,

de un amargo placer henchirse el alma.

Triste cosa es el sueño

que llanto nos arranca;

mas tengo en mi tristeza una alegría:

¡Sé que aún me quedan lágrimas!

G.A. BÉCQUER

Anna Skoumal


2 comments 12 Abril 2008

El son d’un infant

Per molt temps que un mateix porti fent carrer i hagi vist molts tipus de situacions desestructurants, sempre hi ha ocasions en que el cor se’t fa petit.

Sentiment d’injustícia, sensació d’importència, tristeses…

Vivències que et colpeixen el cor. Unes més que altres. I si. Ens és bo que hi hagi situacions que ens segueixin ferint l’ànima.

Ana Maria és voluntària de l’Equip de Carrer d’Arrels. És voluntària de carrer des de fa més de deu anys. Segur que té moltíssimes experiències viscudes en el seu acompanyar les persones que s’ha anat trobant. Avuí però, ens fa arribar un escrit fruit d’una experiència que l’ha colpida:

Un noi jove. Vint o Trenta anys. Un noi massa jove com per arrossegar, ja a la seva edat, tot una motxilla de fracassos i males experiències. Un noi que, arraulit com un infant, tan sols estava dormint al carrer:

El son d’un infant

Avui he vist dormir un infant. Un infant que no és com els altres.

El seu bressol era: el terra d’un portal, les baranes una caixa desmuntada de cartró.

No era ros ni d’ulls blaus, ni rodanxó. Era de cabell fosc i la barba de dies, era prim.

No són els braços amorosos d’una mare que el bressola, són uns altres braços, uns braços que escanyen i ofeguen, a vegades fins a la mort.

Era allà dormint, com un infant dormiria en el bressol. En posició fetal, amb la mà damunt del coixí-cartró, a primer cop d’ull semblava que xumés el dit gros.

Era allà dormint en la seva habitació immensa, “vigilat per tothom”, en el seu petit i dur bressol.

Anna Maria Piqué


5 comments 7 Abril 2008

Nuestro aliado, el tiempo

Una vez más, nuestro amigo Enrique Richard, ha escrito algo digno de leer. http://enriquerichard.wordpress.com/relatos/todo-el-tiempo-del-mundo-o-la-historia-de-un-proceso

En el relato, Enrique nos habla de Juan José, un señor de unos sesenta y cinco años conocido desde el equipo de calle en el 2001. El señor Juan José no era nada amigable con los voluntarios que pasaban por la zona e intentaban acercarse a él, más bien todo lo contrario. A menudo los voluntarios eran recibidos por parte de Juan José con gritos. No es hasta al cabo de 3 años cuando Juan permite el acercamiento de una voluntaria de calle. Y a partir de aquí, poco a poco, se va creando una relación que ayuda a aumentar la autoestima de Juan.

Juan José ya no recibe a gritos a los voluntarios que van a visitarlo frecuentemente. Al contrario, se alegra de verlos, compartiendo charlas, momentos, miradas, silencios… Juan José empieza a sentirse acompañado. Está acompañado y es respetado. Hay un noble respeto hacia él y su situación. Él es quién decide y quién da el paso. Y empieza a pasarse por Riereta. Y conoce a los educadores del centro abierto, los voluntarios, una trabajadora social…. Y un buen día acepta dormir en pensión y allí está todavía. ¡Qué proceso!

Reflexiones

Mucha gente rehuye de la gente en situación de sin hogar cuando pasea por la calle. Algunos ponen mala cara, giran la mirada, se apartan… Mirando hacia otro lado, quizá, para algunos, esta gente desaparece. Pero para nosotros no.

Ellos siguen tirados en la calle. Apartados y excluídos de la sociedad. Al margen. Acompañados, eso sí, por la soledad. Una persona en situación de sin hogar vive tal desesperanza que deja de importarse a sí misma. Pero a nosotros sí nos importan.

Y porqué nos importan, nuestros voluntarios de calle se acercan a ellos. Aún cuando se obtiene mala respuesta, se sigue intentando el acercamiento. Tenemos todo el tiempo del mundo. Todo el tiempo que haga falta para demostrarles que lo único que queremos es acompañarles en su situación. Estar a su lado. A cambio de nada. Pero claro, a una persona que lleva unos 40 años viviendo en la calle, ¡no esperéis que de buenas a primeras nos reciba con los brazos abiertos! Estas reacciones, para nosotros, no sirven de excusa para abandonar. Ni para justificar que ellos se lo han buscado y quieren vivir así. Este sería el camino fácil y el más cómodo.

Y aquí uno puede pensar qué finalidad tiene todo esto. ¿Cuál es el objetivo final? ¿Que acepten pensión? ¿Que pasen cada tarde por el centro abierto? Pues no nos acercamos con este objetivo, la verdad. El acercamiento se produce porqué se quiere acompañar a estas personas en su situación. Se les quiere transmitir que alguien se preocupa por ellas, por eso se las pasa a visitar, respetando en todo momento su persona y su decisión. ¿Que algún día empiezan a pasar por el centro? Genial, allí seguiremos acompañando y creando más relaciones, que reafirmaran su persona y su autoestima. ¿Que otro día aceptan dormir en pensión? Genial también. Pero si no se produce ninguna de estas situaciones, se seguirá estando al lado de esta persona. Porqué esto es lo que nos importa más, estar a su lado y transmitirles que nos importan.

Algunos quizá podríais pensar que en algunos casos perdemos el tiempo. JAMÁS. Somos conscientes que son procesos lentos, pero nunca pensamos en las pérdidas de tiempo. Para nosotros la base de todo es la relación con la persona. Que la persona se vuelva a sentir persona. Que la persona vea que importa a otra persona. A partir de ahí vuelve a importarse a sí misma. Y a partir de aquí la persona no se siente tan sola. Que la persona siga en la calle no es un fracaso. Es una situación que puede cambiar.

Yo, de hecho, estoy en el centro abierto. Y acojo a nuestra gente, empiezo a trabajar con ellos, a acompañarles, desde el centro. Sigo la relación que se ha iniciado en la calle.

Cuando empecé a trabajar en Arrels, una mañana acompañé a Miquel Julià en su trabajo. Recorrimos parte del centro de Barcelona acercándonos a la gente que vivía en la calle que se estaba siguiendo desde el equipo de calle. Miquel me iba explicando y recuerdo que me dijo algo así como “no, si hacer calle es fácil”, un poco comparándolo con el trabajo desde el centro abierto. Yo le debatí el comentario. ¿Cómo que es fácil? De eso nada. Acercarse a una persona que ya no confía en nadie no es fácil. Conseguir que te permita aproximarte a él, saludarle, mantener una charla. Se trata de demostrarle a una persona que se siente excluída que para nosotros es importante. Nos importa su situación. Evidentemente, para alguien que es invisible para muchos, le cuesta aceptar que es visible para otros. Le cuesta entender que se le acerque alguien con calidez, con ternura. Le cuesta sentirse acogido por otras personas. Le cuesta comprender que vuelva a importar a alguien. Pero es así. Y poco a poco lo irá asimilando, compartiendo con estas personas una relación que será la base de todo.

 Anna Skoumal


1 comment 1 Abril 2008


Miquel Julià & Anna Skoumal

Soy Miquel. Dicen que soy educador, pero en realidad soy persona. Mi quehacer discurre entre otras personas, en la calle, en hospitales,... Personas que se han visto arrojadas a vivir una situación de sin hogar. Em dic Anna. Sóc treballadora social i juntament amb en Miquel formem part de la gran família d'Arrels. Acompanyem i oferim espais on la persona pugui trobar el somriure que el dignifica i la mirada que el fa sentir persona.

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