Un día en Arrels
Hoy es uno de esos días que tengo los sentimientos a flor de piel. ¿y por qué? Pues por lo que he sentido, por lo que he vivido. Hoy puedo decir que el día me ha aportado muchos sentimientos que me llenan, me satisfacen, me acompañan…
Ver los comentarios y el movimiento que ha dado el post de la noche del recuento me hace feliz. Tantísima gente compartiendo la sensibilidad hacia nuestra gente… Queriendo hacer algo porqué esto cambie, para estar a su lado, para que se sientan acompañados… Me satisface.
Otra cosa que me ha alegrado el día: compartir un buen rato con la gente de la Llar Pere Barnés. Hoy me he pasado a la hora de comer. He comido en el segundo turno, es decir, con la gente que no reside en la Llar. ¡Y qué comida tan agradable! Me he sentado en la mesa con Miguel, Manuel, Antonio y Sabine, otra trabajadora de Arrels. Manuel todo el rato ha estado súper pendiente de toda la mesa, sirviendo, retirando los platos, preguntando quién quería repetir… ¡Qué majo estaba! Con Antonio hablaban de la guerra, nada, batallitas… Y yo escuchando con atención… Y mirando alrededor y sonriendo orgullosa para mis adentros. Qué acogedor es el comedor. Y miras al resto de comensales y ves a la gente cómoda, a gusto, charlando, comiendo tranquilamente… Realmente no es la imagen que tengo del comedor social en el que trabajaba. El comedor de la llar ofrece otro ingrediente: la calidez. Una calidez proporcionada por los voluntarios y los profesionales que en los distintos turnos se encargan de que no falte de nada. Estan pendientes de la gente, acogiéndolos a su llegada, atendiéndolos durante la comida, charlando con ellos… Se les transmite proximidad, un contacto familiar y esto lo encuentro genial.
Después de comer he subido a la habitación de Rubén. No se encuentra bien, está muy enfermo y prácticamente no sale de la habitación. Al principio estaba un poco malhumorado ( del todo comprensible) pero se le ha pasado. Hemos pasado un rato agradable, charlando, riéndonos, recordando… “no sabes cuánto te aprecio”, me ha dicho. Y yo a ti, Rubén, y yo a ti… Luego, un abrazo, compartiendo toda la ternura del mundo. “Hasta otro ratito Rubén, volveré pronto”.
Me disponía a marcharme de la Llar, pero antes, pequeña visita al piso de arriba: la sala común. Allí sí que hay vidilla siempre. Unos fumando en el espacio habilitado, otros cómodamente sentados en el sofá viendo la tele, otros echando una partida de dominó o parchís y por parte de todos: salutaciones alegres, invitaciones a quedarme un largo rato, sonrisas, bromas… Siempre que he subido a esta sala he pasado ratos muy agradables y me he sentido muy bien acogida por todos ellos. Y el bienestar que me produce todo esto que ellos me dan no tiene precio.
Y bueno, la guinda del pastel que ha culminado mi día ha sido la llegada de Josep y Antonio, compañeros de piso, con un gran detalle: me han traído fresas con nata y lionesas. Esta mañana he sido invitada por ellos a su piso. Hará unos pocos meses que conviven juntos junto con otra persona, Salvador. Hoy celebraban el santo de Josep, por adelantado, y por la mañana me han invitado a la velada con gran ilusión. Al final no he podido ir y les he llamado a su casa para disculparme y transmitirles mi pena por perderme tal velada. Pero que sorpresa tan agradable cuando me aparecen al final de la tarde con tal detallazo.
En fin, como os decía, ha sido un gran día.
Noche del lunes 17 de marzo
Anna Skoumal
13 comments 18 Marzo 2008