Archive for Enero 2008

El simple estar y acompañar funciona

Hoy me he llevado una alegría.

David hacía unos días que se mostraba enfadado con nosotros. Con Arrels, con sus referentes de forma más directa. Recientemente se había producido un cambio en su vida. Había empezado a residir en un recurso distinto a la pensión. Era un gran cambio, un gran reto… y no ha funcionado.

La reacción de David ante tal situación fue el rechazo hacia nosotros, sus referentes. Quiénes lo hemos estado acompañando y hemos estado a su lado en los malos y los buenos momentos. Con quién sabe que puede contar para cualquier cosa. Con quién sabe que puede compartir. Con quién lo acompaña al médico, con quién se preocupa por él, por su bienestar, por su persona…

Esta ha sido su reacción durante unos días. Supongo que necesitaba culpabilizar a alguien, enfadarse con alguien para afrontar una frustración. Y nos ha tocado a nosotros, claro. Los que estamos más cerca.

Su rechazo hacia nosotros ha implicado pasarse por el centro de manera muy puntual, evitando casi el cruce de palabras con nosotros. Había dejado de tomar la medicación, necesaria para el buen seguimiento de su tratamiento. Hablaba de irse, de marcharse, de no acudir a la citas médicas programadas para hoy….

No es la primera vez que David reacciona así. Y os quiero transmitir el papel que juega la persona que está acompañando a alguien como David. Estamos para las buenas y las malas, evidentemente… Pero lo que cuesta aquí es acompañar actitudes como la que os acabo de describir.

Como profesional me inquieto y me digo a mí misma: debo actuar, no está tomando la medicación, tengo que insistir, hacerme pesada, pincharle para conseguir que la tome… ¡Como profesional es mi deber! Intervenir para que la persona siga el buen camino. Y David, para seguir el buen camino, debe tomar la medicación y acudir a sus citas médicas.

Pero la experiencia, mi humilde experiencia, me va enseñando que en casos como este debo limitarme a acompañar, a estar a su lado en su proceso. Debo limitarme a esperar. Hasta que sea él quién dé el paso. Cuesta, cuesta mucho. Tienes ganas de presionar, insistir, convencer a la persona… Lo intentas hacer sutilmente, con tacto, pero lo dejas correr… Hasta tal punto que respetas su decisión aunque veas que es la equivocada. Y continúas estando a su lado.

Entonces llega el día en que te enteras que David ha decidido volver a tomar la medicación. Y te enteras que ha acudido a las visitas médicas a las cuales tenias pendiente llamar para anular, ya que no contabas en que fuese. Y cuando llega este momento… te llena la alegría.

Ha sido por eso que me he llevado una alegría hoy. Más bien una sorpresa. Por David, por su cambio.

Lo importante aquí es que sea la persona la que dé el paso. Y os confieso que cuando me he enterado de su cambio, me he sentido aliviada. Porqué la situación empezaba a complicarse y mi voz interior me repetía “Anna, debes hacer algo, no le puedes consentir que siga así, ¿dónde está tu productividad profesional?”

Mi productividad profesional estos últimos días, con David, ha consistido en estar a su lado a distancia, porqué se dejaba ver poco rato por el centro, y ha consistido en ser acogedora en todo momento con él. Y es muy importante transmitir eso. Es importante porqué David, hoy, tras estos días de rechazo, hoy ha venido a explicarme su cambio. Se ha acercado a mí sabiendo que no estaría enfadada ni distante con él, aún después de su actitud de estos últimos días. Sabía que estaría contenta de su acercamiento, y aún más de oír lo que me explicaría.

Conclusión: ¿qué hacer ante su rechazo, sus reproches, sus enfados? Pues seguir ahí, seguir estando, seguir acompañando en su proceso personal. Dejando claro que nuestra actitud es acogedora ante todo.

Anna Skoumal


5 comments 28 Enero 2008

¿Nos sentimos frustrados?

Las relaciones que más me llenan interiormente son aquellas que establezco con las personas, en la calle, que se encuentran en una situación más vulnerable. Con aquellas personas a las que les he repetido una y otra vez, sin éxito, que se pasen por nuestro centro o que les ofrecemos una habitación en una pensión como alojamiento.

A menudo me encuentro con que mis ofrecimientos caen en saco roto,… siempre escuchando “que hoy no…, que quizás la próxima semana…”.

Y la próxima semana que nunca llega.

¿Qué estoy haciendo mal?

Pero mira como llega a ser de frustrante todo esto!

¿Por qué no quieren cambiar su situación cuando les ofrezco mi acompañamiento y mi ayuda?

Entonces, quizás para tranquilizarme a mi mismo, me digo que aun no es el momento, que aun tendré que esperar a que haga más frio. O quizás cuando esté enfermo…

!Que aberración!!

Y pasa el invierno,… y pasa la enfermedad,… y la persona continua viviendo en el mismo rincón que cuando la encontré en los inicios de relacionarme con ella.

Me he creado unas falsas expectativas sobre que la persona con la que trato me seguirá.
Pero cuando me doy cuenta de que no me ha seguido, que no me ha hecho caso, me sabe mal. Me duele haber estado esperando tanto tiempo para nada…

… -Quizás es que esta persona ya está bien tal y como está…- me digo, reflexionando por última vez, ya sin darle muchas más vueltas. No hace falta que lo visite tan a menudo si no es necesario. Mejor destinar los esfuerzos a aquellas personas que quizás si que querrán mi ayuda.

Todo y con eso, la persona permanece en el mismo sitio donde la encontré, ajena al cambio que casi se produce en mi reflexión.

Y empieza la rueda de la relación con otra persona, intentando que ésta si que cumpla mis expectativas.

 

Hacía mucho tiempo que conocíamos a Roberto. Tenníamos muy buena relación. Nos esperaba cada semana. Sabiamos que hasta ese momento no quería nada más de nosotros que nuestra compañía. Pero incluso le llegamos a repetir muchísimas veces que cuando quisiera estar alojado en una pensión y estar vinculado a nuestro centro sólo tenía que decírnoslo.

Roberto estaba enfermo del corazón. En un periodo de dos meses había ingresado un par de veces en el hospital por problemas respiratoriosy del corazón.

Lo fuí a ver las dos veces que ingresó, esperando a que cuando le dieran el alta pudiera estar en una pensión, que viniera cada tarde a nuestro centro a tomar la medicación prescrita. A pasar la tarde en compañía de muchas otras personas.

Pero cuando le dieron el alta hospitalaria sentí que me falló. No quiso ir a la pensión que le había reservado con tanta ilusión.

Fuí a verlo la siguiente semana y lo encontré en el parque en donde el hacía su vida. Toda aquella mejoría que se había producido en el hospital ya se había esfumado: Volvía a estar tan deteriorado como antes de haber entrado en el hospital. Yo pretendía, volvía a intentar que reconociera de una vez por todas que en una pensión estaria mucho mejor. Pero, incomprensiblemente, el me cambiaba de tema. Me hablaba entonces de su ex mujer y de sus hijos, que hacía tiempo que no veia…

- Pero, ¿que no te das cuenta, Roberto, del estado en el que estás?

Se me pasó por la cabeza enviarlo a paseo!

Tanto trabajo perdido en la intención de que viniera al centro, en querer convencerlo… y el que me viene hablando de la ex mujer!!! …

Tanta frustración!!….

Pero cuando puedo pararme a pensar, siento entonces que Roberto no quería que le ofreciera mi ayuda para marchar de ningún sitio. Que nunca él me pidió para poder vivir en otro sitio que no fuera la calle. Puedo llegar a comprender que lo que el quería verdaderamente era mi estar a su lado, el compartir un trozo de su banco con él.

Cuando soy completamente consciente de este hecho me siento capaz de acompañar en el sufrimiento, de escuchar con atención cuando la persona me está diciendo que no se encuentra bien. Cuando la persona me dice desde su interior que tiene ganas de tirar la toalla. Entonces es cuando me siento capaz de escuchar aquello que me transmite sin la necesidad de taparme los oidos ni de responder que, por favor, no me expliques a mi estas cosas.

 

Y es cuando la persona se da cuenta tambien de que estoy escuchando, que estoy recibiéndola, que no me desespero cuando me explica sus pensamientos y dolencias.

Hablamos. Y escuchamos. Y estamos. Tranquilo. Tranquilos. Y me doy cuenta que la persona solo quería ser escuchada, tenida en cuenta… Como yo.

Solo cuando he vivido que la verdadera relación ha nacido desde la cercanía, con humildad, puedo reconocer que ésto es lo mejor que puedo ofrecer desde mi persona. Puedo reconocer que esto es lo que he de ofrecer desde mi mismo.

Porque, en el fondo, este reconocimiento humilde me hace crecer a mi también como persona.

Miquel Julià


9 comments 17 Enero 2008

Sentirse alguien para alguien

Hoy David me hablaba de cuando estaba en la calle. De eso ya hace bastante tiempo, pero David no lo ha olvidado y de vez en cuando reflexiona sobre ello. Hoy su reflexión tenía un espectador muy interesado que escuchaba y sentía a través de sus palabras: yo.

¿Cómo podemos ayudar a una persona sin hogar? ¿Qué hacer? ¿Cómo intervenir? Yo creo que lo primordial, ante todo, es mantener la calma. ¿A qué me refiero? Pues a la diferencia entre lo importante y lo urgente. Una persona sin hogar, que está mal viviendo en la calle presenta muchas carencias, para nosotros totalmente básicas y primordiales: lo primero, un techo. No tener que dormir al raso. Añadido a esta necesidad básica está también la comida, la higiene personal, la atención médica…. Todo esto es lo urgente, lo que nos hará correr o nos impacientará para empezar a atender a la persona en estos aspectos. Pero ¡sorpresa! La persona ni quiere una ducha caliente, ni un techo, ni quiere escuchar más nuestros ofrecimientos…. ¿Qué raro no? Con lo sucio que va, ¿cómo no acepta una ducha? Con el frío que hace, ¿por qué no acepta nuestro ofrecimiento de dormir en una pensión? Pues es que nos hemos dejado un pequeño gran detalle: tener en cuenta lo importante. Es decir, empezar por la base.

Me explico. Para eso nos tenemos que imaginar la situación: una persona que hace años que vive en la calle. Una persona que hace años que es invisible para el resto de la sociedad. Una persona que hace años que está excluída, al margen, como si no existiera. Una persona que abandonada por la sociedad, se ha abandonado por completo.

¿Qué puede necesitar esta persona? Sí, claro, todo lo nombrado un poco más arriba: la ducha caliente, el techo, la comida… Pero antes, para esta persona será más importante sentirse alguien para alguien. Volver a sentir que su existencia importa a alguien. Recuperar la autoestima hacia uno mismo. Esto es la base. Por aquí hay que empezar, dedicando el tiempo que haga falta. Porqué es a través de la relación con el otro cuando la persona vuelve a sentirse alguien. Porqué se siente arropada, acogida, apreciada. Siente que importa y a partir de aquí vuelve a importarse a sí misma.

David me hablaba de eso: de sentirse arropado. En un momento dado se sintió arropado y esto fue básico para salir de la calle.

Cada día aprendo más cosas. Y es a través de ellos. De escucharlos, de sentir sus vivencias, sus experiencias. Son ellos los que me enseñan y me guían. Porque ellos lo han vivido, lo han sentido, lo han sufrido. Y saben mejor que nadie qué se siente. Y qué es lo importante y qué es lo urgente.

Gracias.

Anna Skoumal


4 comments 10 Enero 2008

Sentir Arrels

¿Qué es Arrels? Gran pregunta y extensa respuesta.

Arrels es una fundación, una entidad, que trabaja, se dedica y está al lado de la gente en situación de sin hogar. Arrels tiene una esencia especial que dignifica la gran tarea conjunta que realizamos voluntarios y trabajadores; tiene un quehacer y un estilo propios, tal como señala nuestro ideario.

Yo pertenezco a Arrels desde marzo del año pasado. Cuando empecé ya conocía el colectivo con el que trabajamos ya que me dedicaba a él desde otro servicio. También conocía Arrels, pero tenía mucho que aprender, mucho. Poco a poco, entras y te sumerges en el quehacer y la manera de hacer de Arrels. Te empapas de su esencia a través del día a día, a partir de lo que te transmiten los compañeros y los voluntarios… Y es que en esta entidad hay gente muy veterana que hace muchos años que forma parte de ella y eso creo que es la clave que mantiene vivo el ideario. Es la clave para que tú, que acabas de entrar, puedas hacerte tuyo el ideario, te lo creas y lo sientas como propio.

En Arrels trabajamos desde la proximidad a la persona. Queremos ser próximos, estar y el objetivo principal es que la persona se sienta acompañada. Sí, tan sencillo como esto, que el otro sepa que estamos a su lado. Esto va a ser la clave para iniciar una relación o un vínculo con la persona. Y a partir de ahí se inicia un camino conjunto. El camino es conjunto, porqué nosotros acompañaremos en el proceso, pero el protagonista y quién decide es la persona. Poder seguir estos procesos produce y remueve un cúmulo de sentimientos. Somos tan próximos que acabamos queriendo a nuestros usuarios, a nuestra gente. Y ésta es la gracia de Arrels. La proximidad, día tras día, nos obsequia con esto. Para mí es magnífico, casi hablaría de lujo, por poder trabajar a partir de esta relación, a partir de tal proximidad. Es un compartir día a día, es sentir, es estar, es vivirlo.

A mí nuestra gente me aporta mucho, me transmite y me hace sentir. Para mi ellos son muy importantes y sé que nosotros, todo el equipo de Arrels, también lo somos para ellos. Y aquí reside la esencia y el espíritu de Arrels. Juntos formamos como una gran familia, que comparte los buenos y los malos momentos, que goza y aprende de la relación con el otro, que está al lado del otro, que acompaña, que está. Estamos nosotros y están ellos. Existimos. Somos Arrels.

Anna Skoumal


4 comments 4 Enero 2008


Miquel Julià & Anna Skoumal

Soy Miquel. Dicen que soy educador, pero en realidad soy persona. Mi quehacer discurre entre otras personas, en la calle, en hospitales,... Personas que se han visto arrojadas a vivir una situación de sin hogar. Em dic Anna. Sóc treballadora social i juntament amb en Miquel formem part de la gran família d'Arrels. Acompanyem i oferim espais on la persona pugui trobar el somriure que el dignifica i la mirada que el fa sentir persona.

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