El simple estar y acompañar funciona
Hoy me he llevado una alegría.
David hacía unos días que se mostraba enfadado con nosotros. Con Arrels, con sus referentes de forma más directa. Recientemente se había producido un cambio en su vida. Había empezado a residir en un recurso distinto a la pensión. Era un gran cambio, un gran reto… y no ha funcionado.
La reacción de David ante tal situación fue el rechazo hacia nosotros, sus referentes. Quiénes lo hemos estado acompañando y hemos estado a su lado en los malos y los buenos momentos. Con quién sabe que puede contar para cualquier cosa. Con quién sabe que puede compartir. Con quién lo acompaña al médico, con quién se preocupa por él, por su bienestar, por su persona…
Esta ha sido su reacción durante unos días. Supongo que necesitaba culpabilizar a alguien, enfadarse con alguien para afrontar una frustración. Y nos ha tocado a nosotros, claro. Los que estamos más cerca.
Su rechazo hacia nosotros ha implicado pasarse por el centro de manera muy puntual, evitando casi el cruce de palabras con nosotros. Había dejado de tomar la medicación, necesaria para el buen seguimiento de su tratamiento. Hablaba de irse, de marcharse, de no acudir a la citas médicas programadas para hoy….
No es la primera vez que David reacciona así. Y os quiero transmitir el papel que juega la persona que está acompañando a alguien como David. Estamos para las buenas y las malas, evidentemente… Pero lo que cuesta aquí es acompañar actitudes como la que os acabo de describir.
Como profesional me inquieto y me digo a mí misma: debo actuar, no está tomando la medicación, tengo que insistir, hacerme pesada, pincharle para conseguir que la tome… ¡Como profesional es mi deber! Intervenir para que la persona siga el buen camino. Y David, para seguir el buen camino, debe tomar la medicación y acudir a sus citas médicas.
Pero la experiencia, mi humilde experiencia, me va enseñando que en casos como este debo limitarme a acompañar, a estar a su lado en su proceso. Debo limitarme a esperar. Hasta que sea él quién dé el paso. Cuesta, cuesta mucho. Tienes ganas de presionar, insistir, convencer a la persona… Lo intentas hacer sutilmente, con tacto, pero lo dejas correr… Hasta tal punto que respetas su decisión aunque veas que es la equivocada. Y continúas estando a su lado.
Entonces llega el día en que te enteras que David ha decidido volver a tomar la medicación. Y te enteras que ha acudido a las visitas médicas a las cuales tenias pendiente llamar para anular, ya que no contabas en que fuese. Y cuando llega este momento… te llena la alegría.
Ha sido por eso que me he llevado una alegría hoy. Más bien una sorpresa. Por David, por su cambio.
Lo importante aquí es que sea la persona la que dé el paso. Y os confieso que cuando me he enterado de su cambio, me he sentido aliviada. Porqué la situación empezaba a complicarse y mi voz interior me repetía “Anna, debes hacer algo, no le puedes consentir que siga así, ¿dónde está tu productividad profesional?”
Mi productividad profesional estos últimos días, con David, ha consistido en estar a su lado a distancia, porqué se dejaba ver poco rato por el centro, y ha consistido en ser acogedora en todo momento con él. Y es muy importante transmitir eso. Es importante porqué David, hoy, tras estos días de rechazo, hoy ha venido a explicarme su cambio. Se ha acercado a mí sabiendo que no estaría enfadada ni distante con él, aún después de su actitud de estos últimos días. Sabía que estaría contenta de su acercamiento, y aún más de oír lo que me explicaría.
Conclusión: ¿qué hacer ante su rechazo, sus reproches, sus enfados? Pues seguir ahí, seguir estando, seguir acompañando en su proceso personal. Dejando claro que nuestra actitud es acogedora ante todo.
Anna Skoumal
5 comments 28 Enero 2008