Archive for Diciembre 2007

Arrels celebra la Nit de Nadal

Ahir Arrels va celebrar la Nit de Nadal.

El centre obert es va vestir de festa i es va preparar tot amb molta cura i il·lusió per poder oferir un bon sopar a 160 persones!!! Regnava l’alegria, l’emoció, la tendresa, els records, el compartir…. Tothom volia col·laborar, tot es va preparar entre tots, la gent tenia ganes de passar-s’ho bé.

I és que ja fa dies que l’esperit nadalenc es passejava per Arrels. El centre s’ha anat decorant de mica en mica, entre tots. S’han pintat grans pancartes, s’han penjat guarniments nadalencs, s’ha fet el pessebre, l’arbre, el Tió… Era bonic i entranyable veure l’Enrique i el Paco enfilats a l’escala penjant llums i guarniments. I amb quines ganes que ho preparaven! Tothom hi deia la seva, participava, col·laborava…. El que ha portat un entusiasme especial, des del meu parer, han estat les petites fotos que ens hem anat fent per enganxar-les després en dos arbres de Nadal molt ben pintats pel Guillermo. Són dos collage que han quedat magnífics. Va ser una idea de la Rocío. Jo diria que sortim tots. Usuaris, voluntaris i treballadors. Hi ha fotos molt divertides, n’hi ha de tendres, d’entranyables… El Juan Lemus, que és fotògraf, ha anat una mica de bòlit aquests dies però ha disfrutat. Jo crec que tots hem disfrutat amb els preparatius.

I per fi ahir va arribar el dia del sopar. Va ser una vetllada encantadora. Plena de gent, la nostra gent, la gent d’Arrels. Es respirava un aire festiu i alegre. I és que d’això es tractava. Aquestes festes són dates molt assenyalades. Són dies familiars, de compartir, d’estar amb els teus…. I pels nostres usuaris són dies difícils. Hem parlat moltes vegades de la soledat que ha perseguit i encara persegueix la nostra gent. El trencament amb els llaços familiars, o simplement la inexistència d’aquests, la falta de vincles, de relació amb els altres…. Tots aquests factors són molt característics de la gent sense llar. I és clar, en dates nadalenques, en què es pregona i es ven la felicitat arreu tot això es fa més patent.

Ja fa uns anys va sorgir la idea de fer aquest magnífic sopar nadalenc. Va tenir molt bona acollida i sembla que any rere any l’èxit i l’assistència de la gent creix amb esperança. Es tracta, simplement, de celebrar la Nit de Nadal. Es tracta, com en una família, de reunir-nos tots plegats, compartir i estar junts. Aplegar-nos al voltant de la taula, disfrutar del menjar i de la festa i sobretot gaudir i assaborir la companyia dels altres, dels qui formem Arrels. Perquè actes com aquest generen un sentiment de pertinença molt important. La gent d’Arrels se sent d’Arrels. I per a mi això és el millor regal que podem tenir. Que la nostra gent se senti d’algun lloc, se senti acollida, se senti acompanyada, sàpiga que és important per a molta gent.

Per a mi va ser una vetllada realment especial, emotiva. Tots vam disfrutar, vam compartir, vam ser.

Anna Skoumal

25 de desembre de 2007


2 comments 26 Diciembre 2007

Acción Social transformadora?

Hace unos días, Enrique Richard agregaba un comentario a uno de los artículos del blog que a continuación repito aquí porque me parece de una temática más que interesante.

Decía así:

¿Sabes lo que más me indigna de todo esto? Que muchos de los que se dedican a la exclusión en los servicios sociales no se creen que el vivir dignamente sea un derecho como lo es la educación o la salud (ver, si no, la polémica del Bendito dedo). Y entonces, este derecho que, como tal, sería intocable, muchos servicios sociales lo utilizan como moneda de cambio. Como un regalo que yo, que tengo la sartén por el mango, lo utilizo para que tú te comportes como te has de comportar, porque, si no, te quito el regalo que te estoy haciendo. Y así los elementos que les dan y que les deberían servir para lograr su autonomía (sin prejuicios), se convierten para el excluido en la Espada de Damocles que en cualquier momento le puede devolver allí de donde salió. No se permite la equivocación o el uso incorrecto o el comportamiento altisonante.
Cualquier hijo de vecino tiene derecho a equivocarse y a ser bueno o a ser malo; pero, ¡claro!, el hijo del vecino se gana las habichuelas, el excluido, no. A los excluidos les damos las habichuelas como reclamo para que se integren; pero si no se integran tenemos todo el poder del mundo para quitárselas. ¿Eso es lo justo? ¿Es eso creer en el derecho a vivir dignamente si resulta que para ganar este derecho debe demostrar que se lo merece?
Yo no soy profesional, no sé cómo se ha de hacer, pero ¡nunca puede ser que nos erijamos en jueces de los derechos del otro! Si es así, nos equivocamos. Habrá que exigirle al profesional que busque otras alternativas y, ¿por qué no?, hacerle admitir que nadie es perfecto (ni tan siquiera nosotros), pero que los derechos no son moneda de cambio. Y el derecho a vivir dignamente -como el derecho a la vida-, mal que en ocasiones nos pese, lo tenemos tanto los buenos como los malos, el que es justo como el que no lo es, el que es honesto como el falso, el que es honrado como el que roba, el que utiliza bien sus recursos como el que los dilapida…
El hacer este derecho intocable seguro que hace más difícil la faena al profesional en su trabajo hacia la autonomía de la persona excluida, pero es entonces, que cobra todo su sentido “los setenta veces siete” y “el todo el tiempo del mundo” de Arrels.

En el fondo, de lo que hablaba Enrique no es más que del eterno dilema entre los derechos y los deberes: Todos contamos con unos derechos, pero también con unos deberes.

Con esa premisa tan sencilla avanzamos, sin más, en el camino de la acción social con las personas que en nuestro quehacer cotidiano vamos atendiendo.

- Puedes venir a comer a nuestro comedor…

- Te ofrecemos una cama y protección bajo techo…

- Que si ahora te tramito una renta mínima…

- Pero tu has de buscar trabajo…

- Tienes que dejar de beber,… que es malo para tu salud…

- Has de venir a las entrevistas pactadas…

- Tienes que…

Bien! Más o menos…

El quehacer que se desprende de las relaciones que mantenemos ha de permitir ese toma y daca sin el cual ninguno de nosotros podríamos crecer. Yo doy, pero también recibo! Tu recibes, pero tienes que dar!.

El niño también madura a base de pequeñas frustraciones que le empujan cada vez más a estar metido en el gran mundo. Si no haces los deberes no saldrás a jugar… Y al final, hace los deberes, con tal de jugar y con tal de seguir mereciendo ese cariño sin el cual no podría ir creciendo.

Y ahí, en ese dar y recibir, en esa paulatina adopción de compromisos y responsabilidades a cambio de merecer un lugar en el mundo es donde todos y cada uno de nosotros vamos creciendo hasta el final. Todos vamos haciéndonos mayores y cada uno en su camino.

Si. Ahí tiene sentido nuestro trabajo con las personas que atendemos. Las relaciones que mantenemos con los usuarios y usuarias de servicios, clientes, personas que aparecen,… y tantos otros nombres como queramos llamar a las personas que tenemos delante y que están inmersas en un proceso de exclusión.

¿Pero, que pasa con aquellas personas que parece que ya han decidido que no pueden ofrecer nada más de si mismas a cambio de continuar recibiendo servicios des de la atención social?

¿ Que ocurre con aquellos a los que la sociedad, y quizás hasta nosotros mismos, considera totalmente excluidos del sistema? Personas que pululan por la ciudad. Expulsados una y otra vez de todos los centros y servicios de atención social. Personas no aceptadas en ningún lugar: centros de día, comedores, pensiones, albergues,…

Parecen personas que ya no entran!

¿Podemos, desde nuestras limitaciones profesionales, dejar de pensar en situaciones y en personas alegando en que ya no podemos hacer nada más al respecto?

Desde el punto de vista de nuestros valores, moralmente, ¿ como acostumbramos a resolvernos este dilema?.

¿ Cuantas veces nos hemos parado a reflexionar cual es nuestra postura ante la situación de aquella persona sobre la cual el único planteamiento que se hace desde cualquier entidad es el de “no podemos hacer nada más por esta persona”?.

¿Cuantas veces nos hemos dicho que tenemos demasiado trabajo pendiente de hacer como para prestar atención a aquellas situaciones personales que, aunque pocas, son desbordantes por no saber ni lo que se puede hacer?

Algunos dirán que yo no puedo cambiar el mundo y que las cosas son así, concluyendo tranquilamente que no viene de un caso perdido.

Otros dejaran caer y caer la persona en el pozo de la exclusión mientras continúan agarrándose a la idea de que la persona tiene que dar pasos de cambio, sin los cuales no hay nada que hacer. Y se empecinan en pretender esa voluntad de cambio no existente a pesar que la situación de la persona va degradándose cada vez más. Es como un lavarse las manos. Si quiere, la persona ya sabe lo que tiene que hacer!.

Los más audaces esgrimen soluciones carcelarias, como mal menor, para aquellas personas que dentro de su exclusión han cometido delitos y faltas y se encuentran en un laberinto de causas judiciales tan largo como su vida misma. Es aquello de, al menos, ahí dentro tendrá techo y comida. La cárcel!! Hay quién propone la cárcel, en determinados casos, como única atención social posible!!!!

Me dijeron que los recursos de atención social son limitados y que, como que dentro del sistema tengo que contar tan solo con lo que tengo al alcance, no puedo hacer nada por cambiar la situación de esa persona. Más vale el carpetazo al expediente y ocupar el tiempo en tantas otras situaciones y casos en los que si parece que se puede obtener algún rendimiento.

En definitiva, el dilema queda planteado en si pensamos y actuamos convencidos de que las personas continúan teniendo derechos aun constatando que ya no cumplen ninguno de los deberes. En estos casos, ¿se siguen mereciendo los derechos, o ya no?

No lo sé.

Pero entonces me planteo quién soy yo mismo.

Yo no puedo cambiar el mundo!… se me ha dicho…

Pero veo que si lo comprendo. Si que intento empatizar con algunas personas incapaz de saber que pasos hubiera dado yo de encontrarme en su contexto vital. Me acerco y estoy… Me acerco y escucho… Comprendo y me apercibo de situaciones vitales muy diferentes: La mía y la de esta persona… Y con el paso del tiempo constato que esa sensación de vida diferente, se va transformando en sensación y en deseos de justicia social.

Quién soy yo?… Educatriz?… Asistente?…

Pues claro que puedo cambiar el mundo!! Es entender que el hecho de acompañar y atender las cosas pequeñas que rodean mi parcela de vida es la acción social que puedo y debo hacer. Y yo estoy aquí con mis valores, con mis respetos para las cosas y con mi persona. Porque si! Porque yo, con mi persona, también soy un recurso más para aquel que se acerca demandando unos servicios.

Hay quién al salir o entrar a casa para ir al trabajo se pone el disfraz de educador, como el que se pone el mono de mecánico al llegar al taller o como la doctora que cuelga la bata al abandonar la consulta.

Se deja caer la persona en su pozo de exclusión esperando a que ofrezca signos de cambiar antes de seguir prestando los servicios que nosotros mismos le hemos quitado por no cumplir con los pactos que, también nosotros mismos, nos hemos empeñado en establecer.

No entiendo!!

La cercanía del acompañar me impide argumentar que alguien pierde su derecho a vivir con dignidad. A vivir como persona!!

- Felipe tiene que dejar de beber. Y punto!

- Vamos a ver: Pero si lleva cuarenta años bebiendo!!

- Si, pero beber es malo. Punto!

- Y dale…

Estábamos Jose y yo, sentados, ahí abajo. Se quejaba de que está en la calle, siendo él uno de los más antiguos en nuestro centro, y que nosotros no hacemos nada por remediarlo. El quería contármelo. Lo habían echado de la pensión porque, al parecer, el portero de la pensión es la persona más peor de todo el mundo. Lo cierto es que Jose ya lo ha quemado todo: Ha quemado todas las pensiones y todos los albergues. Ha quemado centros y comedores sociales. Con sus 66 años ha quemado hasta su familia…

Jose insistía implacablemente en su inocencia. El no tenía la culpa…

- Que no, Jose…que yo no te hablo de culpables…

No sé por qué, Jose, no sé que tiene,… pero se hace profundamente entrañable estar a su lado.

- Jose,- le decía yo- el problema es la horchata que te metes en el cuerpo…

- Pero que horchata ni que hostias?, si a mi no me gusta la horchata!…- responde el, ronco de voz, perplejo y con los ojos aun embebidos por la horchata.

- Si hombre! Cuando bebes, vas que ni te aclaras. Hay quien tiene buena bebida, y hay quién no… ¿Cuantas veces has dejado de beber, Jose?.

- Muchas…!!

- ¿Lo ves?

Esa tarde rondaba también por ahí abajo Luis, que acaba de venir de recorrer media España, de albergue en albergue. Jose y Luis se conocen desde hace muchos años, de compartir las calles de Barcelona.

- Eh, tu! dame un cigarro… - le espeta Jose invitándolo a entrar en la charla.

Luis que se acerca, contento de estar en el centro, haciendo chasquear los dedos de las manos, como queriendo dejar claro que el es el más callejero de todos.

- Pero si estás fumando!- responde Luis.

- Dame un cigarro rubio, cabrón! - repite Jose mientras lanza al suelo, asqueado, el ducados que le acabo de ofrecer.

- No tengo más! - contesta Luis zanjando el asunto.

Pero Jose ya ríe. Jose, que acaba de perder todas sus pertenencias y posesiones privadas (ese medio ducados que le quedaba) vuelve a reir. Y con su risa nos contagia a Luis y a mi.

- Ya ves, Luis! Jose está en la calle…- le comento.

- Y yo que te crees?… - se devuelve Luis, casi divertido, para pasar a relatar a continuación el último farol, según el cual, en el cajero donde dormía en Murcia un hombre le lanzó al suelo un fajo con 140€.

Luis se ríe. Y Jose y yo también.

- ¿Cuanto tiempo hace que venís por Arrels, Luis? -le pregunto.

- Eh! que nosotros inauguramos esto!! -contesta Luis, ahora seriamente.

Si. Luis y Jose fueron de los primeros en acudir a nuestro centro. De eso ahora debe hacer quince o veinte años…

Cuando llegaron lo hicieron sin nada a cuestas. Dormían en la calle. Ahora continúan durmiendo en la calle, y lo único que tienen de más son veinte años.

Pero, como os aprecio!!, Jose, Luis!… como os aprecio!. Como valoro vuestro agarrarse a la vida!. Sobrevivientes!.

Se me empaña un nublo de tristeza… Jose ya contaba los pocos años que le debían quedar de vida.

Y yo? Que es lo que tengo que exigiros? Que es lo que os debo pedir a cambio de?…

Sabéis, Jose, Luis? Estoy aquí con vosotros. Compartiendo todo el tiempo del mundo que sea necesario. Y estoy aquí con vosotros comprendiendo que habéis venido a buscar aquello que es lo más importante.

Habéis venido a buscar ese aun esperado cariño del niño que, sin hacer los deberes, se ha quedado sin salir a jugar.

Habéis venido buscando eso mismo que yo he encontrado. El compartir con la relación. La sensación del estar con.

¿Como voy a pediros, exigiros, que mostréis voluntad de cambio para que podáis obtener techo y comida?

Al fin y al cabo, a medida que avanza el tiempo de la relación y la cercanía me apercibo que el techo y la comida es lo de menos.

Lo entiendo. Lo comprendo… Lo siento así!.

Ese pedir vuestro no puede formar parte del intercambio, del toma y daca interminable…

Yo ya no os voy a recordar más que no hicisteis los deberes en su momento. Y en esa profunda comprensión de vuestra situación soy yo el que me siento dignificado.

Claro que puedo cambiar el mundo! Comprendiéndolo ya lo estoy transformando.

No… Jose…, Luis!

Vosotros no os tenéis que ganar un lugar en el mundo a cambio de nada. Vuestra biografía es ya presente. Junto conmigo. Y no es ya que mis obligaciones sean de defender vuestros derechos o de exigiros contraprestaciones. Es, casi como dándole la vuelta a la situación, mi derecho a seguir sintiéndome cercano a vosotros. Mi derecho a comprender, crecer y madurar con vuestra situación dignificada en justicia. Mi derecho a cambiarme a mi mismo y, al mismo tiempo, transformar el mundo que me rodea. Como persona.

Miquel Julià

Noviembre ‘07

Arrels Fundació


14 comments 24 Diciembre 2007

Cita de R. Tagore

Les arrels són branques dins la terra. Les branques, arrels en l’aire.


1 comment 23 Diciembre 2007

¿Acompañar, para qué?

Son muchas las veces en que nos paramos a pensar en el sentido que tiene el acompañamiento. Sobretodo en aquellas situaciones de fuerte desarraigo en las que parece que la persona no desea cambiar en nada su modo de vida.

Entonces hablamos de tener esperanza. ¿Y tener esperanza no es esperar?

¿Estamos esperando a que cambie la situación de aquellas personas con las que nos relacionamos?

Si, pero parece que el tiempo pasa, y pasa…, sin llegar a moverse nada. ¿Qué es lo que estamos esperando?

¿Acaso lo que esperamos es que la persona pueda decidirse en el momento que quiera?

Si. Pretendemos que la persona cambie su situación, que mejore. Pero esperamos que sea ella misma la que decida.

Queremos creer, y creemos, en la libertad de la persona. Queremos creer, y creemos, en su capacidad de decisión, aunque su posible deterioro nos haga percibir que tiene casi todas sus capacidades perdidas.

No. La persona siempre tiene capacidades. Sabemos que tiene que ser la propia persona quien, con la ayuda que haga falta, empiece a avanzar con sus propios pasos para salir del abismo en el que se encuentra.

Pero a menudo nos encontramos con que, por mucho que sugerimos, la persona con la que tratamos no parece dar muestras de querer cambiar. Que por muchos “mañana sí que iré con vosotros” que oimos decirnos, muy pocas veces este mañana se convierte en un ahora.

Duele soportar el peso de su caida mientras creemos en el valor de su libertad de decisión… Y no dejamos de pensar en como podrían mejorar estas situaciones casi inhumanas en otras circunstancias en donde tuviera alguna de sus necesidades cubiertas. No dejamos de pensar en como podriamos haber mejorado algunas situaciones que ahora ya parecen haberse convertido en vidas del todo perdidas.

Si. Es cierto. Acompañamos la persona. Pero, poco a poco, nuestro acompañamiento es tambien el acompañamiento de una situación que no deja de deteriorarse. Con todo, decidimos seguir acercándonos.

Optamos por seguir acompañándote.
No sé para que, pero sé que estoy contigo, que estoy presente.
Y me doy cuenta, no sé cómo, que estando contigo, comprendo.
Que comprendo tu desidia, el miedo a una nueva frustración, tu mirada baja,…
Y me doy cuenta que, comprendiéndote, transformo.
Porque dejo de verte como un simple objeto de ayuda.
Porque al comprender las lágrimas de tu sufrimiento me reconozco a mi mismo como digno de estar a tu lado.
Porque estando a tu lado y comprendiéndote he sentido que solo puedo reconocer tu dignidad.

Y sin saber aun como, percibo que es el reconocimiento de esta dignidad lo que me permite transformar esta situación. Quizás es porqué en hacernos dignos mutuamente la persona se da cuenta que aun está a tiempo de cambiar su situación.

Acompañamos la persona sin esperar intencionadamente que cambie. Y, sin quererlo, esto es lo que permitirá cambiar la situación.

Miquel Julià


6 comments 12 Diciembre 2007

Acompanyament en la mort

A vegades l’acompanyament es fa difícil. Parlo d’un acompanyament en concret, l’acompanyament en la mort. En el nostre dia a dia, a vegades, ens trobem en circumstàncies en què ens toca estar al costat d’algú que viu aquest procés. Es remouen molts sentiments, tant de la persona que passa per aquest moment com del professional, voluntari, o qui sigui que estigui al costat.

Som persones al costat de persones. I a vegades em pregunto: com ho faig? perquè no hi ha un manual per aquests processos. Crec que és important, molt important, l’empatia, intentant comprendre qui tenim al davant. Intentant desxifrar, entrelínies, el que ens transmet la persona. Perquè us asseguro que és la persona qui ens dóna la guia de com acompanyar-la i fer-li costat. La dificultat rau en extreure i desgranar del seu discurs personal la pauta que ens està donant. I és vital respectar la decisió i la manera d’afrontar el procés de la persona. Tenint en compte, per sobre de tot el ritme de la persona.

5 de desembre de 2007

Anna Skoumal

Arrels Fundació


7 comments 5 Diciembre 2007

La solitud, un dels sentiments més presents

Aquesta tarda, ha vingut una periodista de Ràdio Barcelona per conèixer la nostra Fundació, Arrels. L’he atesa jo i li he explicat una mica a què ens dediquem. El meu testimoni li ha servit, però m’ha demanat la possibilitat d’entrevistar a algun dels nostres usuaris.

He consultat amb l’equip del centre obert i finalment hem pensat que en Roberto podria explicar bé la seva experiència. Jo he estat present en l’entrevista i les paraules del Roberto m’han calat fons. Per aquest motiu, em sembla interessant transmetre-us la meva vivència personal davant el testimoni d’en Roberto.

En Roberto ja fa uns quants anys que ve al nostre centre obert. És conegut per a nosaltres de fa un quant temps. Segons explicava, ens va conèixer a través d’uns amics seus i un bon dia es va presentar pel nostre centre. S’hi va sentir bé, acollit, i va anar venint més dies. De mica en mica es va anar vinculant amb nosaltres. Això és molt important, sobretot en persones en situació de sense llar. Aquestes persones, malauradament, han trencat tot vincle amb qui tenien relació. S’han quedat soles i se senten soles. Per tant, en el moment que la persona torna a establir algun vincle amb algú aquesta persona està fent un gran pas endavant. Comença a tornar a creure en sí mateixa i torna a confiar en algú altre. Tot això només és possible des de la proximitat que li pot oferir algú altre, des del tu a tu, des de l’igual a l’igual.

En Roberto seguia explicant. Venia de Cáceres quan va arribar a Barcelona, ara fa uns quants anys.  Fruit d’una ruptura sentimental va patir una forta depressió i les diferents circumstàncies el van portar a viure al carrer. D’aquesta època parla amb molta contundència d’un sentiment que el va perseguir de manera implacable: la soledat. I verbalitza una frase: ‘la soledad es un sentimiento que va de los pies a la cabeza’. És a dir, se sentia totalment envaït per la solitud. I seguia explicant que sentir-se sol és dolorós, que no ens podíem ni imaginar què vol dir sentir-se sol de debò. I en el meu cas, té raó. No sé què vol dir sentir-se sol de debò. Perquè tinc família, amics, gent que sé que es preocupa per a mi. Però el Roberto, durant una època de la seva vida no tenia a ningú. Només a ell. I això ha de produir una gran desesperança.

Ara, però, en Roberto ja no se sent sol. És ell qui verbalitza que sempre s’ha sentit molt acollit per Arrels. Se li ha transmès confiança, comprensió, proximitat… i en Roberto s’hi ha aferrat. Sap que compta amb el suport d’unes persones que creuen en ell.

Gràcies, Roberto, per les teves paraules i per la teva sensibilitat. Perquè us asseguro que en Roberto és una persona entranyable. Una persona que mereix comptar amb algú i sentir-se estimat.

Anna Skoumal

Arrels Fundació. Desembre 2007


4 comments 3 Diciembre 2007


Miquel Julià & Anna Skoumal

Soy Miquel. Dicen que soy educador, pero en realidad soy persona. Mi quehacer discurre entre otras personas, en la calle, en hospitales,... Personas que se han visto arrojadas a vivir una situación de sin hogar. Em dic Anna. Sóc treballadora social i juntament amb en Miquel formem part de la gran família d'Arrels. Acompanyem i oferim espais on la persona pugui trobar el somriure que el dignifica i la mirada que el fa sentir persona.

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